PORLAMAR, ISLA DE MARGARITA

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ASÍ LO VEO

Samuel Robinson Guiscafré

Dejavú

Aquella sensación que, seguramente, le ha pasado más de una vez a medio mundo (sino es que al mundo entero, ya sea asintiendo a conciencia sobre ello o ignorando plenamente su pronunciamiento) de haber estado allí con anterioridad, de haber usado exactamente esas mismas palabras hacia ese mismo alguien, en ese preciso instante, en ese mismo lugar, en esa misma situación, y en fin, de haber vivido esa experiencia con anterioridad.
¿Nunca se han preguntando qué es lo que verdaderamente el Dejavú significa?
Existen múltiples teorías sobre este acontecimiento que a mí en particular (y estoy seguro que a muchos) me pasa frecuentemente. Algunos psicoanalistas ofrecen la explicación de que son hechos similares acontecidos en el pasado (un pasado indeterminado por la inconsciencia) pero que nuestro cerebro asocia de forma insensible hacia aquello que nos parece familiar. Otros psicólogos afirman que se trata de sueños diurnos que los seres humanos generamos constantemente de forma inconsciente y que, debido a un error que se produce en nuestro cerebro, distorsionamos (al menos por unos instantes) nuestra realidad y la convertimos en aquella fantasía soñada. Otros neurólogos dictaminan que se trata de una alteración de la memoria, un fallo neurológico que nos hace creer cosas que no son. Otros establecen que significa un fallo en nuestra interpretación del tiempo, una distorsión y alteración de nuestra interpretación del espacio, y así un sinfín de teorías lo cual afirma que todavía nadie ha podido explicar verdaderamente con fundamento sólido y base estricta esta anomalía humana.
Sea como sea, el hecho cierto es que este paradigma rompe totalmente con nuestro orden cronológico de tiempo y espacio, nos distorsiona de forma tal que a veces, tal es la tranquilidad e inquietud que nos puede llegar a generar, que nos obsesiona tan solo en pensar en ello, pues, debido a tal anomalía, queremos llegar a saber “mas”, queremos saber lo que pasara “después” de haber recordado aquel momento que probablemente en realidad aun no ha acontecido en nuestro plano existencial. ¿Queremos ver nuestro futuro?, ¿estamos capacitados para ello? Da igual cual sea la respuesta, pues el contexto real es que la sensación solo dura un solo instante, y después, se desfragmenta de golpe, dejándonos inestablemente atónitos a nuestra propia realidad y conciencia.
¿Acaso no es increíble?, ¿no es extraordinaria la tosquedad con la cual el ser humano le resulta incomprensible ciertos fenómenos del universo? Para mí lo es, y de seguro, para muchos también.
Con respecto al término en sí, siempre me ha gustado ir más allá a lo científicamente posible o explicable, y me gusta inclinarme hacia espiritualidad con cada cosa que pueda. Me apasiona pensar en el Deja Vu como una manifestación (o un ligero despertar) de conciencia de “nuestros otros yo” ubicados en universos paralelos y planos dimensionales ajenos al nuestro. Que el pasado, el presente, y el futuro no existen sino de forma paradójica en las profundidades de nuestra enigmática mente. Y que la historia se escribe y se reescribe de forma paralela en un santiamén, a cada momento, a cada instante. Eso, hasta que el ciclo se rompa, y el mundo sea otro. ¿Fantasías de un servidor? ¿Cómo lo ve usted?