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El
regreso de las vacaciones, el paso progresivo del ocio al trabajo y del calor al
frío, hace ver que, de nuevo, damos otra vez la vuelta. Nos pasamos, en fin,
toda la vida dando vueltas. No siempre los círculos son iguales ni de la misma
condición o naturaleza pero podría pensarse que como los gusanos, el porvenir de
nuestra especie se desarrolla a la manera de un tornillo que avanza dando
vueltas sobre sí y abriendo, siendo tétricos, el agujero donde acabaremos
sepultados. Cobijándonos primero en las vueltas que hay que dar para tener una
casa alguna vez y enterrados o introducidos en el nicho final a través del
constante movimiento rotatorio. Unas vueltas que nos hacen crecer y que nos
hacen también morir, vueltas que nos hacen perder el sentido y vueltas que nos
proporcionan lucidez, vueltas que nos aturden y vueltas que nos airean.
El uso de darse una vuelta paseando, la distracción o la salida en los días
festivos a través de darse una vuelta vienen a mejorarnos pero no son simples
recursos de estricta utilidad práctica.
Dar vueltas se corresponde con el rito religioso de la circumambulación que han
respetado los hebreos, los cristianos, los budistas, los musulmanes o los
derviches del sufismo, Esta circumambulación cumple con un rito consistente en
dar vueltas alrededor de un objeto sagrado o de su representación (sea el altar,
la stupa o la kaaba). Giros que remedan no sólo el movimiento giratorio del
universo sino el profundo propósito de incorporarse a él como parte de la
adaptación universal hasta llegar tendencialmente al éxtasis.
En conjunto y aunque en ocasiones no se tenga conciencia de ello, la
cotidianidad, la semana, los años, la vida, es ceremonialmente circular. La vida
cotidiana cultiva diariamente la ida y venida del trabajo, nos señala
semanalmente, por años o por lustros recorridos que llegan a un punto y
regresan. En este comportamiento general del ser y el mundo se incluyen los
ciclos económicos, la pujanza y la ruina, el desempleo y el empleo. No servirá
de consuelo en estos momentos aciagos pero, contemplada en perspectiva, la
existencia es la diferencia en la repetición y su "excepción" sería -diría acaso
Guatari- la repetición de la diferencia. Chao. |
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