PORLAMAR, ISLA DE MARGARITA

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DIA A DIA

Por: El Capitán Garfio    

Si se exceptúan las catástrofes naturales y unos cuantos animales feroces no hay factor que pueda causar mayor daño que las personas. Con una diferencia: mientras los huracanes o los cocodrilos se dirigen sólo al cuerpo en cuanto carnaza, las personas son capaces de despedazar a otras tanto asaltando al cuerpo como al alma, en cuanto soplo de felicidad.
Hay que llevar por tanto mucho cuidado con las personas aunque aún así, tratándose de una inmensidad voraz y omnipresente el daño se encuentra asegurado. Los misántropos aparecen así ante los ojos no como detestables y huraños sino como dignos de toda conmiseración. Víctimas que tratan de precaverse de tanta crueldad en potencia y de su acaso inminente concreción. Amar a las personas es el primer lema de los Mandamientos de Dios porque sólo poderosamente conminados cumpliríamos la orden de aproximación. ¿Pero feliz, afectiva? Sólo en algunas gloriosas circunstancias. Circunstancias divinas. El resto es mortalidad. Chao.