PORLAMAR, ISLA DE MARGARITA

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EL FOGÓN

Por: Rubén Osorio

La cita de hoy

Nadie hizo y sigue haciendo más para fijar la matriz de opinión según la cual Capriles ganó las elecciones, que el mismo gobierno en todas sus instancias


El mar de la infelicidad

Algo nos dice que por primera vez en estos catorce años, los promotores de la violencia descubrieron que sus abusos de poder pueden ser enfrentados por una oposición sin miedo y con estrategias de naturaleza cívica y profundamente democrática. Aquellos que no entienden que estas luchas son largas sobre todo cuando hay desigualdades tan notorias, como las que existen entre el Gobierno de Venezuela y su heroica oposición, deben recorrer el camino andado para que se sientan orgullosos de los resultados. En estos momentos y después de los errores, el aprendizaje y la concreción en la estrategia y dieciséis procesos electorales, la alternativa democrática pasó a ser la primera fuerza política del país. Y esto, hay que decirlo, tiene a un gobierno que nos mantienen en el mar de la infelicidad, herido y en plan de ciego represor.
Con una derrota política como la sufrida por los herederos, la lógica indicaba un acto de reflexión, pero no fue así. No sólo la reflexión no llegó para conocer el por qué de lo ocurrido, sino que en su lugar se repotenciaron la intolerancia y el atropello que han sido, por los siglos de los siglos, los peores consejeros de los gobiernos despóticos y a la larga la razón natural de sus desprestigios y sus respectivas caídas. Ni el lenguaje del Presidente prematuramente proclamado y juramentado cambió el tono, todo lo contrario, ni el de sus colaboradores más cercanos y mucho menos el de sus parlamentarios, quienes no tuvieron mejor idea que cambiar la rutina del lenguaje descalificador, por el lanzamiento de objetos contundentes y puñetazos y patadas contra la bancada opositora.
Si el gobierno creyese en el diálogo no habría mantenido como lo ha hecho la confrontación, ni sus intentos de aniquilar a la disidencia comenzando por quien en este momento la lidera y sobre quien recae el reconcomio alevoso de las principales figuras del partido derrotado aparatosamente y por partida doble en las elecciones pasadas.
La cadena de agresiones montada por el oficialismo y dirigidas por el propio Presidente de la AN con alevosía y ensañamiento, no sólo la vio el país entero sino también el mundo, lo que encendió la alarma dejando al rojo vivo los males que la aquejan y la acosan, de tal manera que han resultado inútiles, videos, excusas, disfraces para desvirtuar los hechos. Allí quedaron las acciones antidemocráticas del gobierno todavía no legítimo del señor Maduro y también la preocupación creciente del concierto mundial de naciones democráticas.
Lo primero que tendría que saber Maduro y su corte es que la firma de acuerdos con viejos socios no da legitimidad. Que ésta la da el respeto a las instituciones y cumplir con todo lo que paute la ley. Que hacerse fotos con camaradas de la misma condición y pensamiento, nada quiere decir si sus propios ciudadanos no lo avalan. Que respetar las instituciones comienza por aceptar recursos constitucionalmente previstos como el de la auditoría y el recuento de los votos, sin dejar por fuera ninguna de las fases del proceso, como lo pidió el candidato Capriles y no hacer una sin observadores internacionales e independientes, que carecen de toda validez.
Antes de seguir aplicando ese eufemismo que llaman “correr hacia adelante” en sustitución de “yo aquí hago lo que me da la gana”, voluntad oficial expresada y puesta en acto durante estos catorce años, este gobierno que ha marcado todos los récords de ineficacia imaginables, hasta y mientras se defina el asunto de las impugnaciones, debería ocuparse de gobernar y no de perseguir a la disidencia, de atender los problemas en vez de complicarlos, de leer y asimilar las lecturas aun cuando sea de los titulares de prensa que hablan todos los días del mundo de la inseguridad de la que ahora el nuevo titular de Interior y Justicia nos dice que se trata de un problema estructural sin solución; que menciona como catastrófico el costo de la vida y la devaluación como la ruina de nuestro poder adquisitivo; que habla del desabastecimiento que tiene de rodillas a las redes de Mercal y los mercados bicentenarios y por supuesto muy arrecho al pueblo; que hablan de la torta general que ha sido la Ley del Trabajo; que nos revelan el problema de los apagones que ni siquiera el plan de Jesse logrará resolver según la voz de quien acaba de renunciar a la Presidencia de Corpoelec, nada menos que el hermano del difunto comandante; que nos hablan hasta de la torta puesta con los récipes médicos que nos mantuvieron en vilo a los hipertensos, a los diabéticos, a los enfermos del corazón, a los que padecen insuficiencias renales, a los enfermos de cáncer, de SIDA y otras enfermedades terminales, a lo que se sumó la decisión de apretarle las clavijas a las clínicas privadas a la cuales el gobierno adeuda una millonada de bolívares que no tiene.
Si a esos males que son demasiados para un país tan pequeño como el nuestro, se le añade el reconcomio permanente del gobierno ejercido día y noche contra la protesta y el legítimo derecho a reclamar incumplimientos, entonces usted se encuentra en el mismo mar de la infelicidad.

El Plato

Todos los líderes mundiales de la democracia como Gandhi, Mandela, Martin Luther King, Walesa y Havel, por nombrar solamente algunos, los asiste un hecho común, la austeridad. Es por eso que en esta hora de luchas profundas, desabastecimiento, de inflación salvaje, tenemos que entrar de lleno en su práctica para no morir en el intento de sobrevivir.
Hoy sobre un sofrito de ajo, cebolla, pimentón, ají dulce, sal y pimienta, dejaré sudar unos filetes de curvina que al final regaré con un buen caldo de pescado. Esta sopa la dejaré caer en un plato hondo en el que reposan rodajas de pan frito en mantequilla de ajo y perejil.