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La cita de hoy
Nadie hizo y sigue haciendo más para fijar la
matriz de opinión según la cual Capriles ganó las elecciones, que el mismo
gobierno en todas sus instancias |
El mar de la infelicidad
Algo nos dice que por primera vez en estos catorce años, los promotores de la
violencia descubrieron que sus abusos de poder pueden ser enfrentados por una
oposición sin miedo y con estrategias de naturaleza cívica y profundamente
democrática. Aquellos que no entienden que estas luchas son largas sobre todo
cuando hay desigualdades tan notorias, como las que existen entre el Gobierno de
Venezuela y su heroica oposición, deben recorrer el camino andado para que se
sientan orgullosos de los resultados. En estos momentos y después de los
errores, el aprendizaje y la concreción en la estrategia y dieciséis procesos
electorales, la alternativa democrática pasó a ser la primera fuerza política
del país. Y esto, hay que decirlo, tiene a un gobierno que nos mantienen en el
mar de la infelicidad, herido y en plan de ciego represor.
Con una derrota política como la sufrida por los herederos, la lógica indicaba
un acto de reflexión, pero no fue así. No sólo la reflexión no llegó para
conocer el por qué de lo ocurrido, sino que en su lugar se repotenciaron la
intolerancia y el atropello que han sido, por los siglos de los siglos, los
peores consejeros de los gobiernos despóticos y a la larga la razón natural de
sus desprestigios y sus respectivas caídas. Ni el lenguaje del Presidente
prematuramente proclamado y juramentado cambió el tono, todo lo contrario, ni el
de sus colaboradores más cercanos y mucho menos el de sus parlamentarios,
quienes no tuvieron mejor idea que cambiar la rutina del lenguaje
descalificador, por el lanzamiento de objetos contundentes y puñetazos y patadas
contra la bancada opositora.
Si el gobierno creyese en el diálogo no habría mantenido como lo ha hecho la
confrontación, ni sus intentos de aniquilar a la disidencia comenzando por quien
en este momento la lidera y sobre quien recae el reconcomio alevoso de las
principales figuras del partido derrotado aparatosamente y por partida doble en
las elecciones pasadas.
La cadena de agresiones montada por el oficialismo y dirigidas por el propio
Presidente de la AN con alevosía y ensañamiento, no sólo la vio el país entero
sino también el mundo, lo que encendió la alarma dejando al rojo vivo los males
que la aquejan y la acosan, de tal manera que han resultado inútiles, videos,
excusas, disfraces para desvirtuar los hechos. Allí quedaron las acciones
antidemocráticas del gobierno todavía no legítimo del señor Maduro y también la
preocupación creciente del concierto mundial de naciones democráticas.
Lo primero que tendría que saber Maduro y su corte es que la firma de acuerdos
con viejos socios no da legitimidad. Que ésta la da el respeto a las
instituciones y cumplir con todo lo que paute la ley. Que hacerse fotos con
camaradas de la misma condición y pensamiento, nada quiere decir si sus propios
ciudadanos no lo avalan. Que respetar las instituciones comienza por aceptar
recursos constitucionalmente previstos como el de la auditoría y el recuento de
los votos, sin dejar por fuera ninguna de las fases del proceso, como lo pidió
el candidato Capriles y no hacer una sin observadores internacionales e
independientes, que carecen de toda validez.
Antes de seguir aplicando ese eufemismo que llaman “correr hacia adelante” en
sustitución de “yo aquí hago lo que me da la gana”, voluntad oficial expresada y
puesta en acto durante estos catorce años, este gobierno que ha marcado todos
los récords de ineficacia imaginables, hasta y mientras se defina el asunto de
las impugnaciones, debería ocuparse de gobernar y no de perseguir a la
disidencia, de atender los problemas en vez de complicarlos, de leer y asimilar
las lecturas aun cuando sea de los titulares de prensa que hablan todos los días
del mundo de la inseguridad de la que ahora el nuevo titular de Interior y
Justicia nos dice que se trata de un problema estructural sin solución; que
menciona como catastrófico el costo de la vida y la devaluación como la ruina de
nuestro poder adquisitivo; que habla del desabastecimiento que tiene de rodillas
a las redes de Mercal y los mercados bicentenarios y por supuesto muy arrecho al
pueblo; que hablan de la torta general que ha sido la Ley del Trabajo; que nos
revelan el problema de los apagones que ni siquiera el plan de Jesse logrará
resolver según la voz de quien acaba de renunciar a la Presidencia de Corpoelec,
nada menos que el hermano del difunto comandante; que nos hablan hasta de la
torta puesta con los récipes médicos que nos mantuvieron en vilo a los
hipertensos, a los diabéticos, a los enfermos del corazón, a los que padecen
insuficiencias renales, a los enfermos de cáncer, de SIDA y otras enfermedades
terminales, a lo que se sumó la decisión de apretarle las clavijas a las
clínicas privadas a la cuales el gobierno adeuda una millonada de bolívares que
no tiene.
Si a esos males que son demasiados para un país tan pequeño como el nuestro, se
le añade el reconcomio permanente del gobierno ejercido día y noche contra la
protesta y el legítimo derecho a reclamar incumplimientos, entonces usted se
encuentra en el mismo mar de la infelicidad.
El Plato
Todos los líderes mundiales de la democracia como Gandhi, Mandela, Martin Luther
King, Walesa y Havel, por nombrar solamente algunos, los asiste un hecho común,
la austeridad. Es por eso que en esta hora de luchas profundas,
desabastecimiento, de inflación salvaje, tenemos que entrar de lleno en su
práctica para no morir en el intento de sobrevivir.
Hoy sobre un sofrito de ajo, cebolla, pimentón, ají dulce, sal y pimienta,
dejaré sudar unos filetes de curvina que al final regaré con un buen caldo de
pescado. Esta sopa la dejaré caer en un plato hondo en el que reposan rodajas de
pan frito en mantequilla de ajo y perejil.
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