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OPINIÓN

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Si le pagas a la gente por no trabajar, no te puedes sorprender de que no trabajen


Las cuitas de Mario Silva
Liliana Fasciani M.

Mario Silva, el más inmoderado y soez de los voceros del régimen chavista hoy espurio, se convirtió en noticia de primera página esta semana al recibir un poco de su propio veneno. El dirigente de oposición Ismael García logró obtener un audio en el que se escucha una conversación entre el susodicho y un funcionario del G2 cubano de nombre Aramis Palacios, que le está dando la vuelta al mundo por las revelaciones que contiene.
“Deprimido y arre… batado”, Mario se confiesa con Aramis, cual pecador atormentado por la mala conciencia, pero no la suya, sino la de los otros, los falsos comunistas, los traidores de la revolución, los corruptos que se lo roban todo, los conspiradores que quieren derrocar al lerdo, de cuya capacidad para estar donde lo pusieron dudan hasta sus propios aliados. Mario le pinta dibujitos de Cadivi y del Seniat a Aramis, y Aramis se los aprende como si fuesen mapas, mientras despacha rápidamente las llamadas telefónicas inoportunas. Entre un dibujito y otro, la confesión deviene en chisme y Mario le pone morados los ojitos azules a Diosdado. Mario, a cuenta de que es calvo, le cae a Cabello con todo lo que le amarga la vida y lo deja tendido en la lona, por mala gente y quintacolumna.
Es que Mario sabe mucho, y el peso de tanto zurullo le está formando una giba en el cielo de la boca, por eso se desahoga con Aramis, el buen oyente, que apenas dice una que otra frase incompleta. ¡Cuánto han aprendido los cubanos en medio siglo de rutinas silenciosas! Mario, en cambio, no se detiene, haciendo gala de su feraz vocabulario escatológico, se comporta como un amante desairado que rumia sus penas y ejecuta su venganza despotricando del que se llevó a su amada.
Entre alicaído e irascible, habla de lealtades y traiciones. Aramis para las orejas, porque si hay algo que le interesa saber al tío Raúl es quiénes son los que marchan por la calle del medio y quiénes los que se arrastran en las sombras. Mario dice que Molero -a quien tutea, así de pana- es un “operador”, o sea, es burda de leal, es de los que raspan el sable en el asfalto de la calle y si hay que dejarla manchadita de plasma, pues se deja y punto, sino para qué es ministro de la Defensa, ¿verdad?
Por el hombrillo, en cambio, una tal “Cruela” Cestari camina a la sombra, como dice Mario que deben caminar las mujeres de los caudillos, pero ni Nicolás es un caudillo ni la mujer de Nicolás es la Cestari, su mujer es Cilia Flores -a quien, dicho sea de paso, una promesa aún no cumplida la tiene vestida y alborotada. Así será el alboroto, que hasta invitaron a unos artistas con pinta de “oportunistas” para que le cantaran a Nicolás, y el pánfilo, en vez de cantar con ellos, quedó fascinado contemplándose a sí mismo en una suerte de transfiguración mística, allá en el Cuartel de la Montaña, que ya desplazó a la montaña de Sorte. Dice Mario que no le gustó nadita ni una cosa ni la otra, y que él no se mete en los misterios del más allá desde que Marx le advirtió que si quería fumar, ese no era el opio bueno, pero como Marx era alemán y Mario es venezolano, no pudo evitar que en su “malvada y maquiavélica cabeza” entrara de sopetón el fantasma de Diógenes Escalante.
Sin embargo, eso no fue nada comparado con el susto de espanto y brinco que le pegó el cacerolazo del 23 de Enero. ¡Cuánta ingratitud! Mario se estruja la nariz y recuerda a Fidel cuando le dijo “que él no entendía por qué Chávez no había terminado con las elecciones burguesas”. Mario se responde solito, esgrimiendo un argumento fidelista que corta de un solo tajo cualquier cabeza pensante, sencillamente “porque el pueblo se equivoca”, por lo tanto, él, que se cree tan infalible como aquél, “está absoluta y totalmente de acuerdo”. Vaya uno a saber qué piensa Aramis al respecto.
A estas horas, Mario sigue lloriqueando sobre el hombro de Aramis, el buen oyente que ni siquiera bosteza. Le confiesa que tiene miedo, que está deprimido, que está furibundo, que está metido en un mar lleno de heces, infestado de tiburones cuyas feroces dentelladas están acabando con la balsita revolucionaria, y que si Nicolás no manda a Cilia para la cocina y de una vez por todas coge el timón con ambas manos, la maltrecha balsita, que ya deriva y mucho, se hundirá irremediablemente -y a Dios gracias- en el mero mar de la infelicidad.
Colorín, colorado, este cuento aún no ha acabado.


Universidades
Francisco José Virtuoso Sj

La universidad pública venezolana atraviesa una grave crisis que amenaza con llevarla a la muerte. El salario mensual de un profesor universitario que ingresa como instructor apenas supera el salario mínimo y un titular gana apenas el doble de eso. Las comparaciones establecidas con sus pares en el mundo son realmente escandalosas e indican claramente la poca importancia que se concede en el país a la profesión docente universitaria.
Las diversas federaciones sindicales que agrupan al gremio docente universitario se han declarado en huelga y su protesta pública nos ha servido para tomar conciencia de este grave desequilibrio. Es necesario que en toda la sociedad nos hagamos eco de sus exigencias y desde nuestras respectivas posiciones nos solidaricemos con ellas. Porque lo que está en juego es la muerte por inanición de nuestras universidades. Es obvio, que nuestro talento docente se vea obligado a explorar otras posibilidades profesionales o busque en otros países lo que no consigue en su tierra.
Pero el problema va más allá de la remuneración salarial de los docentes. La universidad como institución es costosa si quiere alcanzar niveles adecuados de calidad. Se requieren laboratorios adecuados, infraestructura tecnológica, acceso a bases de datos bibliográficas, mantenimiento de infraestructuras, intercambios internacionales con otras universidades, publicaciones, etc.
Adolecemos en Venezuela de una auténtica política de financiamiento público a la actividad universitaria. El crecimiento de la oferta de instituciones universitarias que hemos visto en los últimos años no ha hecho más que agravar el problema porque ha aumentado innecesariamente los costos. Es mucho más viable potenciar las capacidades del parque universitario existente que inventar la creación de otras muchas universidades. Quizás en algunos casos se justifica pero la sana lógica de racionalización de recursos requería una mejor planificación del sector universitario.
La juventud de nuestro país demanda oportunidades de capacitación y posibilidades para el desarrollo de su talento. Quiere universidades de calidad, donde consigan talento que estimule la búsqueda de conocimiento y condiciones adecuadas para capacitarse profesionalmente.
Tenemos un nuevo ministro en la cartera de educación superior. Los universitarios quisiéramos que nos oyera, que escuchara sin gríngolas ideológicas las necesidades del sector, que atendiera las demandas de quienes constituyen el corazón de la vida universitaria que son sus docentes e investigadores y considere las expectativas reales de nuestros estudiantes, que demandan educación de calidad.


Entre locos, ladrones y traidores
Rafael Bayed

La Constitución Bolivariana, además de manipulada e irrespetada por el régimen constituyente de transición, quedó salpicada por el pecado original que pesaba sobre la legitimidad de la Asamblea Nacional Constituyente, al igual que lo está el segundo mandato constitucional de Chávez y sucesivas acciones, como también la del resto de los poderes, acostumbrados a la mentira, manipulación, a la traición de los principios constitucionales, viciada por cierto de legitimidad.
La ilegitimidad e ilegalidad de este gobierno lo lleva a realizar cualquier desmán en beneficio de los suyos. Ahora también los venezolanos confrontamos la ilegitimidad de origen de Nicolás Maduro. Se pretende a como dé lugar imponer la continuidad de un régimen de corruptos y traidores. Se usa todo el poder del Estado para imponer un gobierno compuesto por Hienas manchadas, capaces de convertir a sus compañeros en carroña y alimentarse de ellas.
Ante la gravedad de Hugo Chávez a partir del 9 de diciembre de 2012 y su deceso de fecha incierta, sólo una autopsia podría determinar lo contrario, Nicolás Maduro usurpó funciones forjando la firma de Hugo Chávez, que aparte del decreto y del nombramiento de Jaua, pone en evidencia otro fraude que sí es importante para demostrar el clima de grosera ilegalidad que desde el pasado 5 de enero, comenzó a urdirse en el país: Si Chávez está vivo, en plena capacidad física y mental y en ejercicio de sus funciones, Maduro no puede ser vicepresidente, pues se habría necesitado otro decreto y otra firma designándolo, ya que al terminar el Presidente un período para comenzar otro, tenía que nombrar vicepresidente a Maduro para el nuevo período y no dejarlo sin cargo. Entonces, no hay dudas que hay una ilegitimidad de origen en la firma electrónica de Chávez, en el nombramiento de Maduro y en el de Jaua, por lo que no queda sino aceptar que la cúpula del actual gobierno venezolano naufraga en una gigantesca usurpación. Luego la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia del 10 de enero del presente, donde con una sentencia contraria a las leyes y la Constitución, le da condición legal a Maduro pero nunca legítima. Es decir llevamos 14 años de ilegitimidad de poderes en Venezuela. Lo más grave que todo el proceso ilegítimo que vivió y vive la República desde el 11 de diciembre, el Consejo Nacional Electoral, permitiendo toda clase de desmanes y abusos por parte de todos los órganos del Estado en favor del candidato ilegítimo Nicolás Maduro, para luego concluir con un gran fraude reconociendo al candidato del oficialismo y dejando en duda la verdadera realidad de los resultados electorales al negar realizar una auditoría que demuestre la verdad de los hechos.
Nunca dudamos de la perversión de estos cuatreros, bagazos de la política de los últimos cincuenta años de democracia, montados en nombre de una supuesta democracia, en la gerencia del Estado. Las denuncias de un pobre hombre, cuyo cerebro carcomido por la droga y agente del castrocomunismo, sorprende a muchos incrédulos de la baja calaña de los gerentes del Estado venezolano. El pobre, como buen agente lo sabía todo: triangulación de compra y venta de todo del exterior a través de Cuba, tráfico de hombres y mujeres de Cuba, comisiones de todo contrato con países “amigos”, hoteles, casinos, restaurantes, prostitución, robos, atracos, asesinatos y lo más grave pretendiendo defender a un terrorista mediático de un loco fascista. Así estamos en Venezuela entre: locos, ladrones y traidores. @rabayma


El simpático Mario
Rubén De Mayo

Creo que para la oposición no hay personaje tan despreciable como el conductor del programa televisivo: La Hojilla, Mario Silva. Y esa realidad puede revertirse.
En dicho programa, Mario Silva se despecha a su gusto descalificando con gruesas y gordas palabras a cuanto opositor le provoque, haciendo mofa y escarnio público de sus palabras y su persona; porque Mario es hombre pasional, telúrico, él no se conforma con oponer argumentos, él confronta a la persona, la desacredita e insulta.
Guapo y apoyado por el difunto presidente Chávez, quien llamaba animosamente a su programa para dar declaraciones y celebrar el desollamiento público de la oposición, Mario imponía matrices de opinión, dando recomendaciones y órdenes a altos funcionarios de la burocracia chavista, nuestra nomenklatura tropical.
A Mario lo sigue el chavista radical o el izquierdista romántico y convencido de la perversidad del capitalismo. El chavista moderado o el ni-ni (el que no está en un bando ni en el otro), ve su programa con cierto escepticismo, como gallina que mira sal, para enterarse desapasionadamente de cuál es el punto de vista del Gobierno y hacer comparación con el de la oposición. Porque todos nos acostumbramos que el punto de vista del Gobierno es el mismo que el de Mario, o que Mario refleja la postura y posición del Gobierno. Tanto el chavista moderado como el ni-ni comparten con la oposición su repugnancia por las procacidades, ordinariez y extravagancias verbales de nuestro Mario, para no hablar de su excesivo servilismo y sumisión canina hacia Chávez, que disgusta a cualquier espíritu libre. Y si es la oposición inteligente, ella también lo sigue, por aquello de que no se puede criticar lo que se desconoce. Solamente una minoría opositora visceral, que echa espumarajos por la boca, no puede verlo ni oírlo, su sola mención le provoca arcadas y sudoraciones, como si de un veneno se tratara.
Pero Mario ha caído en desgracia. Lo mismo que ha hecho con la oposición, se lo ha hecho al chavismo; pero maticemos bien, a lo peor del chavismo: Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional. Toda Venezuela sabe que Diosdado es un hombre muy poderoso y rico, aunque ese conocimiento provenga del rumor; ese poder lo ha convertido en un personaje odioso para los sectores más pobres y humildes, que califica como traición a los ideales del socialismo chavista tanta opulencia y prepotencia pecuniarias. Pues es ese personaje, Diosdado, el tema central de la grabación que recientemente salió a la luz pública, en la cual Mario Silva informa pormenorizadamente a un alto miembro de la inteligencia cubana (no nos escandalicemos, ya sabemos la injerencia cubana en nuestros asuntos), vía telefónica, la situación dentro del Gobierno; situación signada por la funesta presencia de un hombre, Diosdado, que es el que realmente controla las instituciones en el país, extendiendo sus tentáculos a las áreas económica y militar.
Mario Silva comenta esto con su verbo característico, en tono melodramático, dándose mucha pompa y protagonismo, expresión, muy en el fondo, de inseguridad y debilidad. Decía: yo lo advertí; yo hablé con fulanito de tal; yo le hice una llamada, etc. No parecía el conductor de un programa de opinión, sino un capo de la misma calaña que los personajes que él denunciaba de mafiosos y ladrones. Pero con todo, Mario se reivindicó con todos, ahora es el simpático Mario: el hombre verdaderamente está preocupado por la corrupción y el abuso de poder; era un engaño, una cortina de humo, que todos los problemas de Venezuela se los achacase a la oposición o al imperialismo. Admitió que el verdadero problema de este Gobierno es el Gobierno mismo, con su ineficiencia e ineptitud. Y esa preocupación legítima no se la podían perdonar los poderosos de siempre (¿Diosdado, los cubanos, Cilia Flores?), y más ahora que ya Mario no tiene dónde jalar y guindarse, muerto el caudillo al cual idolatraba. Y más ahora que Globovisión suavizará los rasgos más duros de su programación y línea editorial, haciendo necesario un acto recíproco del otro lado, en los medios oficiales, apartando de sí (adiós, Mario) a este hombre del cual se puede decir, como quería Pietro Aretino que grabasen en su tumba: que de todos hablaba mal, salvo de Dios, porque no le conocía.