PORLAMAR, ISLA DE MARGARITA

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Paradigma

Manuel Ávila    

La última puerta
La democracia cayó en manos de estos bandidos de la política para que creyeran que su oportunidad de poder era para siempre. No recuerdan los revolucionarios que Rafael Caldera le entregó el poder a Chávez con todas las de la ley y que ahora cuando perdieron el amor del pueblo les corresponde entregar el poder por las buenas. Ni cuando perdieron la AN y menos ahora los chavistas entenderán que su tiempo les pasó y solo les queda como salida honrosa irse a la oposición a construir una nueva fórmula para ascender al poder.
Todavía los ambiciosos del poder revolucionario están de espaldas a la realidad de unas encuestas que le dan un rechazo de más del 80% a quienes no supieron administrar el poder en estos 18 años y convirtieron a Venezuela en una nación pobre con delincuentes de cuello rojo a granel. Se robaron los dineros de la República de manera descarada y esas jugadas condenaron a la revolución a du muerte política. Quedaron reducidos a cenizas desde el momento que perdieron la AN en un decisión del pueblo venezolano que marcó distancia con el proceso y los obligó a calarse los 112 diputados que se encargarían de controlar las finanzas del Estafo. Pero en una jugada osada de la revolución Maduro y su gobierno decidieron romper la Constitución al violar sus principios con la alteración del rumbo constitucional apoyarse en una Sala Constitucional del TSJ que se disfrazó de delincuentes con cartera jurídica.
Ahora cuando solo nos queda una sola puerta democrática al restituir el hilo democrático que rompieron los miembros del TSJ por mandato del Presidente Maduro, se niegan los chavistas a ondear las banderas de la constitucionalidad. Se han cansado los magistrados del TSJ de violar los principios constitucionales ante los ojos del mundo y es por eso que todos los parlamentos del globo terráqueo se han puesto en contra de los violadores constitucionales. Aquí se trata de respetar la Constitución Nacional que es el plan de vuelo de la República y que los hombres del gobierno están empeñados en cambiar para diseñarle un traje a la medida al ambicioso Maduro. Sabe el Presidente y sus acólitos que por la vía de los votos no obtendrán más nunca una victoria en las urnas. Por eso apuntan sus dardos a la salida salomónica de una ANC que perdió la ruta cuando no le consultaron al pueblo, que es el poder originario esa decisión de impulsar una reforma constitucional para dar más poder al Presidente Maduro.
Están cerrando la última puerta de la democracia al destrozar los cimientos de la democracia y dejar al pueblo sin su carta de navegación, pues tomar atajos para mantenerse en el poder solo le servirá a Maduro para abrir las compuertas de las ambiciones autoritarias.
De nada le valdrá a los revolucionarios su terca idea de enfrentarse a los poderes constituidos y enfilar las baterías contra la Fiscal General de la República porque le está socavando las bases a una dictadura plasmada en los juegos diabólicos de Maduro y Diosdado. Pero esa puerta la mantienen abierta las luchas en las calles de una juventud venezolana que batalla cada minuto para defender el porvenir. No podrá Maduro imponer por la fuerza una ANC que solo tiene respaldo de 2.500.000 votos que nunca serán mayoría ante un pueblo arrecho que busca calidad de vida y un futuro mejor. Esa es la Venezuela que viene empujando la sociedad civil y los estudiantes para sembrar de esperanzas a un mundo que se contamina cada día de delincuencia y corrupción, planteamientos que el galáctico dejó claros ante una sociedad eclipsada por las locuras de un chavismo atrapado en una burbuja de la corrupción.
La Venezuela de la libertad avanza a pasos agigantados hacia ese portal democrático que tanto soñamos y que quieran o no los revolucionarios van a tener que abrir las puertas de la libertad para dejar de lado esa sociedad que soñamos. Viva Venezuela libre en medio de tantas locuras revolucionarias que convirtieron al país en tierra de nadie y que debe recomponer un Estado de Derecho que se hizo trizas en las manos de quienes tejieron su propia mortaja a punta de bayonetas y pólvora.