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Paradigma: Ilusos de la mentira

Manuel Avila

Cuando promediaba 1999 se mostraron a la sociedad venezolana los salvadores de la patria. Venían con trajes militares ofreciendo futuro para un país que urgía de cambios en su modelo de gobierno. Llegaron con el “por ahora” como estandarte para convertir esa frase adverbial en la carnada para pescar a los venezolanos que soñaban con una patria nueva. Mandaron al mismísimo carajo a caldera y su chiripero y demonizaron los gobiernos adeco-copeyanos para dejarlos sepultados en la moribunda Constitución.
El populismo fue su consigna caza tontos con propuestas sociales que iniciaron con la venta de cebollas y tomates en la Avenida Bolívar de Caracas- El Oráculo del Guerrero fue su primer libro de cabecera y el Libro Verde de Khadaffi su obra de respaldo. En ese momento “Los Condenados de la Tierra” de Franz Fanon cobro vigencia y empezaron a lanzar al aire las frases de Martí y las metáforas de las canciones de Alí Primera como soportes de una propuesta de gobierno que se difuminó entre propuestas populistas y expropiaciones a la empresa privada.
El poder cívico-militar cobró fuerzas como propuesta de gobierno y volvimos los venezolanos a lo que habíamos rechazado en el pasado la última vez que la Vaca Sagrada partió con rumbo desconocido llevándose al general Marcos Pérez Jiménez. No revisamos la historia y le dimos el golpe certero a una democracia exangüe que después de ser considerada como un modelo continental fue vuelta añicos por el mismo personaje que juró sobre la moribunda el respeto por ese modelo de libertades.
Vino la destrucción de las instituciones democráticas por parte de equipos de infiltrados cubanos que empezaron a dinamitar puentes democráticos para dejar nada del equilibrio institucional. De esa forma el TSJ fue asaltado por delincuentes con guantes rojos, la Fiscalía Nacional se perdió en el camino, el CNE pasó a ser una institución al servicio del régimen, se le dio un arponazo a la AN y los partidos políticos fueron condenador a la atomización. Por otra parte las FAN quedaron condenadas a un organismo político con libertad ideológica que solo obedece ciegamente al régimen y a su capataz.
Vino la muerte de la libertad de expresión al confiscar los programas de radio, cierre de televisoras y la entrega de los medios escritos a los dueños del poder. No hubo papel sino para los diarios colaboracionistas y las emisoras radiales fueron cerradas de acuerdo a la línea de acción política. Más nunca hubo programas de opinión contrarios al régimen y se acabó la criticadera por los medios masivos de comunicación. Con todos esos grupos de poder a su favor los periodistas calificados se fueron del país o vieron su campo de acción reducidos a las redes sociales.
En los partidos políticos se empezaron a morir los liderazgos por la persecución política del régimen que sembró expedientes políticos a diestra y siniestra para dejar sin voceros a las principales organizaciones políticas, pues el miedo llegó hasta las fronteras del país y la cárcel fue la respuesta a las presiones contra el gobierno.
Con toda esa locura de la debacle de los servicios públicos como agua, luz, teléfono, gas, alimentos y medicinas se produjo una hecatombe económica que devoró el futuro nacional. El bolívar fue condenado a la nada y la hiper inflación se tragó la moneda nacional hasta reducirla a la mínima expresión. En ese interín el gobierno apeló a pensiones miserables para someter a los de la tercera edad. a becas y bonos para los más jóvenes y a las bolsas y cajas claps para las familias venezolanas. Atrás fueron quedando los Pdvales, Pdevalitos, las misiones y todos los proyectos populistas que incluyen canaimitas, morrales, cuadernos, dietas bolivarianas, chamba juvenil y bonos por firmas, Trump, por ajustes inflacionarios y tantos inventos de la nada bolivariana.
De esa forma la pobreza se convirtió en la consigna del proceso revolucionario porque sus ideólogos decidieron convertir en pobres a todo el mundo para tener el control de los ciudadanos. Así le pusieron sueldos miserables a los trabajadores públicos hasta ganar salarios mínimos menores a los de los obreros y condenar a la clase media a su peor momento histórico. Por otra parte se creó una moneda ficticia en el Petro que nunca avanzó y dio paso al dólar en una especie de libertad cambiaria para que la moneda norteamericana reine en la economía nacional.
En ese desbarajuste de modelo económico cayó ese país que cuando el chavismo inició su gobierno tuvo el ingreso petrolero más alto de Latinoamérica para que el Presidente más rico del Continente repartiera dinero a manos llenas para comprar conciencias presidenciales y generar apoyos ficticios a cuenta de la busca bolivariana. Todo ese saco de mentiras llegó al poder nacional con un mandatario, ministros y aliados formados en las aulas de la democracia con beneficios de toda naturales e inclusive respetándole sus ideas de comunistas trasnochado.
Todavía se recuerda en este país al presidente Luís Herrera celebrando en la casa de Hugo de Los Reyes Chávez sus cumpleaños y dándole reconocimientos a quien después ascenderían al poder entre disparos y pólvora, pues después de intentar un golpe de estado contra el Presidente Carlos Andrés Pérez fue ungido como candidato presidencial para que ese mismo pueblo que hoy parecen tajalíes disecados por el hambre y la miseria salieran a votar por aquel famoso “por ahora”, una construcción adverbial que condenó a Venezuela a la peor tragedia de su historia.
Esa es la Venezuela que estamos viviendo con una población envuelta en cachipos de la miseria y sometida al peor escarnio de su historia, pues no solo bastó con voltear la cabeza al caballo, cambiar las estrellas de 7 a 8, trastocar la Constitución y dar hospedaje en el país a todo el malandraje del Continente. Ahora nos corresponde avanzar a remo, bogando de a poquito como si rasguñáramos las aguas del Orinoco con las uñas de un caimán enjaulado.
Hoy llegamos a los límites de la crisis y los ciudadanos despiertan por retazos para gritar en cada barriada que se equivocaron de rumbo y buscan desesperadamente salvar a un país que se cocina en su propia salsa de ilusos de la mentira.

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