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Democracia futurista

Edmundo Abigail Prieto Silva

El epígrafe de Hoy, se debe a una pregunta que le hice a mí querido y recordado padre y profesor de Historia y Educación Artística, Henrique Prieto Albornoz a que se debía mi nombre: “Hijo, Tu nombre se debe al Dr. Edmundo Fernández, un médico que con la Democracia inicia la Cura de la enfermedad llamada tiranía”.Mi padre, quién fue fundador de “La Democracia” como así el definía su partido, en el Estado Zulia, donde yo nací y el con sus habilidades de manualidades y gran lector de los grandes maestros de las artes, cultivó sus dotes de educador que ejerció y enseñó en las compañías petroleras y luego en la escuela rural de mestro el Macaro Turmero Aragua, Gervacio Rubio Táchira, Colegio Nueva Esparta y Monjas Carmelitas Virgen del Valle Porlamar, Normal de Maestros Miguel Suniaga La Asunción, liceo Juan de Castellano Juan Griego, y Mejoramiento Profesional del Magisterio. La democracia venezolana fue sumida en la enfermedad de los incumplimientos, de inconsecuencias y de frustraciones desde que se restableció en enero de mil novecientos cincuenta y ocho. Está enferma del síndrome de desaciertos, de promesas incumplidas y de “una revolución” de expectativas, seguida de gigantes decepciones colectivas. En Venezuela, la inmensa mayoría de sus habitantes permanecen aún sumidos en el submundo de la tan cacareada marginalidad tanto por “socialistas” como por seudos demócratas y “redentores” de oficio. El país, que en el Mundo se ha mostrado con clicks de rico, no ha podido derrotar la miseria, el hambre, las enfermedades. La pobreza en vez de disminuir, sigue levantándose como gigantesco índice acusador contra la ineficiencia de un sistema que dispuso de inmensos recursos económicos para desarrollar programas para financiar programas de desarrollo y de promoción social de la población. La sensación generalizada por más del 89% del venezolano, es que nuestro sistema político otrora y el régimen usurpador actual dejó y deja mucho que desear en la presentación de los servicios públicos más elementales. Es sin duda alguna, el factor singular más erosionante del régimen democrático es el cumplimiento por parte de los gobiernos, de los compromisos adquiridos con el país. En la hora de la búsqueda del apoyo electoral se ofrece “villas y castillos”. Después de la toma del poder, no se cumplen las promesas. La excusa de las culpas del “gobierno anterior” sigue sonando a pretexto falso, y por lo tanto irresponsable, porque bien conocen la situación del país cuando hacen ofertas electorales. Esas excusas se pudieron aceptar en ejercicio de primeros años de gobierno, pero cuando el tiempo pasa o concluye el ejercicio del poder, se debe asumir con gallardía las responsabilidades. Frente a todos estas calamidades, la salomónica solución política no debe ser la de borrón y cuenta nueva, ni el del “regreso a la fórmulas que no resolvieron los problemas del pasado” la solución tiene que ser con un vigoroso liderazgo. No es con medias tintas democráticas, sino con una DEMOCRACIA LIBERTARIA eficiente, honesta, participativa, liberadora de las fuerzas productivas de toda la nación y capaz de cumplir con los postulados democráticos verdaderos no populismo y poder avanzar hacia las anheladas metas de Justicia y desarrollo

Tengo el deber ineludible de cumplir y hacer cumplir con el mandato o la herencia que me dio mi padre, de curar a Venezuela con la medicina Democrática que soñó mi padre y que recetó el doctor Edmundo Fernández a quien le debo mi nombre.

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