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Paradigma: Polvo y paja

Manuel Avila

La pensión otorgada por el IVSS a los venezolanos es la cara de la miseria nacional. Solo es polvo y paja para que la gente se mantenga distraída a la espera de la nada. Es el rostro macilento de una sociedad atrapada entre los dientes cariados del proceso y las deshilachadas camisas de los ciudadanos de una patria sin coraje para reclamar sus derechos. Esa pensión de hambre alejó a los señores de la tercera edad de los bancos porque la gente nada compra con esa basura de sueldo gubernamental.
Es posible que los estrategas del gobierno le hayan visto la cara de hambre a los venezolanos o mejor dicho que hayan decidido burlarse de una sociedad que solo cometió el error histórico de haber dado al comunismo la oportunidad de llevar las riendas del país. Pero se equivocaron porque esta plaga en tan solo 21 años destruyeron el modelo democrático más sólido del Continente. No había líder político o historiador que no mencionara a nuestro país en los discursos internacionales en los organismos del mundo o alguna autoridad universitaria que en cualquier paraninfo del mundo citara como ejemplo a la Venezuela petrolera. Éramos la envidia del mundo porque teníamos la renta petrolera más poderosa del planeta y una moneda sólida como el bolívar que nos permitía consolidarnos como la gran fortaleza económica de esta parte del globo.
Llegaron los socialistas del Siglo XXI con su parafernalia ideológica a cambiar el curso de la historia, pues los venezolanos decidieron acabar con el bipartidismo adeco-copeyano que tuvieron largo rato alternándose en el poder. Pero lo sustituyó el pueblo venezolano por el militarismo que ya creíamos erradicado de esta tierra y que surgió de la construcción adverbial “Por ahora” que brotó de la intentona golpista que le dio la oportunidad a los comunistas de mostrar la cara del militarismo por los canales de televisión en cadena nacional. De esa locura del poder se vino encima contra la estructura de la patria un híbrido polítici que en nada se parecía lo que ofrecieron como programa de gobierno estos comunistas disfrazados de socialistas. Ni lo uno, ni lo otro funcionó en una sociedad que vio cómo se iban muriendo de a poquito las instituciones y cómo los explosivistas del régimen colocaban pequeñas bombas en los puentes colgantes de una sociedad hedionda a pólvora y formol.
De esa jugada del comunismo empezaron a aparecer propuestas alocadas de expropiar las empresas privadas del país y a las trasnacionales las mandaron bien largo al carajo para mostrar la cara de la Venezuela que se hacía el harakiri con un espejo de colores. Pero los cerebros gigantes del chavismo decidieron condenar a los jubilados y pensionados a la atrasada idea de tener sueldos que son migajas de lo que se ganaba en el pasado. Y es que un educador de cualquier nivel con su sueldo compraba carro de agencia, casa, se alimentaba bien, le compraba ropa a sus hijos, viajaba por el mundo y por el país en plan de vacaciones, se daba el lujo de ir en cruceros a las islas del Caribe y se daba sus gustos como le daba la gana. Ese era el sueldo de un maestro que criaba a sus hijos sin lujos, pero si con las condiciones mínimas de sobrevivencia, ya que el bolívar pesaba y le permitía a los que ganaban poco mantenerse sanos por el alto valor calórico de los productos que consumía.
Ante esa realidad que se nos viene encima en medio de la crisis no queda otra alternativa que sentarnos a esperar la reacción de un pueblo a quien le quitaron sus derechos sin que pudieran rechistar. Eso mismo ocurrió con las míseras pensiones que condenan a los viejitas a vivir de una migaja de la nada comunista y obligándolos a recibir lo que no vale nada. Esa táctica bárbara solo busca el salto hacia atrás para condenar a nuestros señores de la tercera edad a una condena comunista sin sentido.
Qué dirán los señores de la tercera edad que votaron por Chávez y por Maduro de esta aberración que los somete a la peor tragedia económica del país, pues esos 40 mil bolívares no alcanzan ni para un kilogramo de queso. Con esa locura de poder que envuelve a los jubilados y pensionados en la mortaja roja revolucionaria, solo les queda a los chavistas fanáticos que lanzar cuatro carajos al aire para salvarse de esta plaga roja.
De todas maneras las familias venezolanas que viven de unos sueldos que no llegan a ninguna parte porque están molidos por la podredumbre oficial. A esa jugada planificada de no aumentar las pensiones más nunca, se le une la posibilidad de los incrementos chucutos de salario que es menos que en cualquier del planeta.
Da vergüenza que en las otras naciones del planeta los sueldos estén adaptados a los nuevos tiempos y que en nuestro país no llegue ni a tres dólares, lo que es una prueba de la maldad que camina con la espada de Bolívar por América Latina.
Con esa pensión de la vergüenza le taponean la boca a los viejitos que iban a los bancos a mendingar las cuatro locas pagadas por el Estado y que ahora ya no quieren ni siquiera recibir uno dinero que para nada les sirve. Ante esa calamidad del odio de esa clase social ya el Gobierno nada hace porque carece de fuerzas para sostener unos pagos que se le quedaron atrapados en su fracaso gerencial.
Qué miseria le pagan a los señores de la tercera edad para que terminen entendiendo que esa revolución que tanto defendieron es solo polvo y paja.

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