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Paradigma: Siquiatría política

Manuel Avila

La política que se práctica en Venezuela necesita un folleto de recomendaciones siquiátricas para que los aspirantes a ocupar cargos de elección popular tomen un descanso para pensar solo en la salida del régimen y no en las ambiciones personales de cada uno de nosotros. Esa tesis que todo el que hace política debe aspirar funciona en otros momentos, no en estos tiempos cuando una solo cosa es importante: salir del régimen a toda Costa. A ese objetivo deben ir nuestros esfuerzos, nuestras miradas y nuestras ideas. Nada distinto a esto puede ocupar el pensamiento nacional porque la gente se está muriendo y los ciudadanos están distraídos en buscar la forma como alimentarse y como solucionar sus problemas de vida.
Pero por el contrario los políticos andan en su maga objetivo de cómo llegar al poder. Ese tiempo ni ha llegado porque con un CNE dominado por la peste roja, no hay ninguna posibilidad de hacer elecciones en esas condiciones de minusvalía en que nos puso el régimen autoritario de Nicolás Maduro. Ante esa realidad que se retuerce el cuello, que se muestra poderosa y se sacude las plumas como un gallo ganador, no queda otra que forzar la barra para que volvamos a tener unas instituciones democráticas sólidas, pues con un CNE en manos de Tibisay Lucena la redentora del proceso, ni hay posibilidad cierta de ganar algún proceso electoral.
Es por eso que el libro de siquiatría política debe aparecer para ordenar las ideas de los disociados que buscan a toda costa ir a in proceso electoral que termine de posesionar al régimen para siempre en el poder No es cuestión de leer la cartilla a los integrantes de los partidos políticos con invisibles porcentajes de la insignificancia numérica en sus morrales. Es que la gente dejó de creer en los partidos políticos y corresponde a los líderes sacudirse las alas para levantar vuelos cortos que le permitan aterrizar en las ideas de la grandeza nacional.
Todas las organizaciones andan caminando en solitario tratando de convencer al mundo que son los mejores, pero mientras no ocurra el acontecimiento de la Unidad Nacional que permita a las organizaciones políticas crecer en el pensamiento y la acción, sin dudas que no habrá avance en ese objetivo de formar esa fuerza ciclónica que demuela las fortificaciones chavistas.
No hay elecciones libres con un CNE secuestrado desde Miraflores que lleva a cabo todo el libreto indicado por los cubanos y por Maduro. Esa posición vejatoria del CNE que obliga a los ciudadanos a votar en procesos amañados y condenados a la locura colectiva de seguir montando las trampas para coronar a Maduro Presidente.
Con un régimen contra la pared, arrodillado y con el espinazo quebrado por la fuerza despiadada de un régimen atornillado en el poder, aún así no encuentra la oposición la única fórmula para sacar a Maduro del poder que es con la Unidad Nacional como consigna de combate. No es fácil dibujar ese planteamiento porque ya el régimen trabajó en la entrega de beneficios a un pueblo que prefiere cobrar la plata fácil antes que trabajar honradamente como se hace en los países del desarrollo.
Esa tesis de entregar bolsas de comida y bonos a la gente es parte de un populismo enfermizo arraigado en toda Latino América para dar beneficios económicos y sociales a un país que se entregó a los brazos de la muerte. Para nadie es un secreto que los chavistas sembraron en el terreno fértil de la ignorancia y que los flojos de toda la vida aceptaron el reto de cobrar sin hacer ningún esfuerzo. Qué daño le está haciendo la revolución a un pueblo flojo que solo se limita a cobrar salarios de la miseria para empobrecer con sus actuaciones a la mayoría de la población venezolana.
Caímos en esa trampa de la muerte lenta con el sustantivo pueblo como punta de lanza para hacer creer a la gente que a la revolución le importa la gente y con esa consigna terminaron enrolando a profesionales y hombres comunes en la nada de la dádiva politiquera.
Esa es una razón de peso para usar el folleto de la siquiatría para orientar a los hombres de la política en esa tarea de consolidar un movimiento que supla las ambiciones de la locura política nacional. Lo triste es que todo el mundo quiere ocupar cargos de relevancia en los cuadros políticos porque todo el mundo se cree con el liderazgo `para pasar por encima de la media general.
Lo peor del asunto es que partidos políticos sin la sintonía con el pueblo continúen estafando a la gente con consignas envueltas en papel de regalo que nada le dicen a la gente, pues es evidente que con caparazones de toldas sin fuerza para mover la acción popular, traten de motorizar emociones que son simples ficciones de la nada política.
Hay que pelear con los fantasmas del pasado que hacen ver a los soñadores que regresarán con sus mismos cuadros a la escena, con sus ideas atrapadas en folletos desteñidos y con el concepto de pueblo que el chavismo dejó convertido en un sustantivo deformado en sus consonantes y vocales.
Es la hora de la maduración nacional y de cruzar los dedos para que estos enfermos del poder abran las puertas de la democracia con instituciones sólidas que depongan sus miserias individuales para devolver a Venezuela una democracia que no hemos debido perder nunca.
Vivimos de lamentaciones y esos errores del pasado siguen incrustados en el alma de batracios del pensamiento que solo piensan en sus riquezas personales, en su tajadas miserables y en comisiones que solo engordan los intereses de los dueños del poder. Nadie engaña al pueblo y que no crea Maduro y la revolución que no pagarán algún día el daño irreversible que le hicieron a su patria.

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