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Palestra Insular: Cambio de actitud

Manuel Avila

La oposición venezolana está obligada a cambiar de actitud para poder salir de la tragedia chavista. Es que esa peste roja que llegó a territorio nacional con la idea de perpetuarse en el poder está equivocada porque el poder no es eterno y menos en una sociedad democrática que se mueve entre el ser y el no ser.
A Venezuela le cayó la peste roja dicen los analistas del país y del exterior porque la destrucción de las instituciones y la implosión de los puentes democráticos no deja juego para abrir las puertas de unas elecciones libres. Eso es lo que quieren los venezolanos que cambien de actitud los actores políticos para resolver la papeleta de la crisis descomunal que mantiene atrapado a los ciudadanos de esta patria.
La contaminación de la data electoral, los vicios de las máquinas electrónicas y la alteración del sentido democrático de los procedimientos electorales llevan a la sociedad a colapsar en la búsqueda de soluciones a una problemática que generó el propio régimen. Y es que la incorporación de los militares a la actividad electoral es parte de una jugada perversa usada por los actores del proceso para contaminar cualquier elección. Pero la sociedad perturbada por los manipuleos revolucionarios ha trastocado una actividad constitucional que era el único mecanismo para salir de los gobiernos malos.
Corresponde a la sociedad venezolana cambiar de actitud, guardar las banderas por un rato y dejar que los actores políticos se pongan de acuerdo sobre la idea de olvidarse por momentos del poder para aspirar a formar un movimiento nacional que deje atrás las ambiciones personalistas del poder. Y es que mientras no se consolide la unidad de todos los factores seguirá el chavismo reinando en una sociedad que le perdió la confianza por ser un modelo político atrasado. Mo encuentra los chavistas sino en el método de la confusión la única vía para salvarse de las torpezas de su decisiones en el poder. Solo le ha quedado como alternativa la fórmula mágica de las bolsas de comida, las cajas claps y los bonos que le han permitido aguantar ese río crecido que se le viene encima y amenaza con borrarlos de la faz de la tierra.
No se justifica que a 21 de estar en el poder con todas las jugadas alocadas de la revolución todavía la revolución siga mandando en un país convertido en el más pobre de Latinoamérica y cuidado que del mundo, pues al parecer la molienda de nuestra economía superó los linderos de lo permitido para encontrarse con la peor tragedia de la era democrática. No es posible que con esta destrucción masiva del país los líderes de las organizaciones políticas no hayan reaccionado para unificar los criterios que unan las voluntades en pro de la salvación democrática. Por esa razón es que pienso que no se le puede dar más largas al asunto mientras se mueren los ciudadanos a las puertas de los hospitales por falta de atención médica o por falta de medicamentos. Por otra parte los mejores médicos del país se fueron a otras latitudes en busca de un mejor destino y para conseguir calidad de vida.
La actitud de los partidos tradicionales y de los más jóvenes no puede continuar en esa lucha interna que genera un fuego interior capaz de pasar por encima de las tradicionales formas de hacer política. Tampoco es la idea que todavía partidos como AD y Copei insistan en jugar con las mismas cartas para intentar continuar ocupando espacios de poder.
No podemos caernos a mentiras creyendo que la AD del pasado es la misma vigorosa institución de otros tiempos, ni que ese Copei que se vendió al régimen por 4 guijarros pretenda volver a tener los mismos escaños en la AN, ni que Justicia y Voluntad Popular sean los paradigmas de los partidos modernos. Es que mientras las organizaciones políticas no depongan sus ambiciones de poder, estaremos amarrados la debacle de la partidocracia nacional.
En primer lugar los ideólogos de los partidos deben entender que no tienen la fuerza de otros tiempos y tampoco los mismos seguidores porque esa vaina “que adeco es adeco hasta que se muera” es una consigna pasada de moda en medio de los restos de una sociedad amordazada por la crisis.
Por eso es importante que ocurra un viraje en el cambio de una sociedad enferma de tristeza, pues es evidente que un pueblo que no tiene acceso a los alimentos vive comiéndose las uñas y sometido a las penurias del atraso.
A Venezuela le toca cambiar de rumbo antes que se pierda la ruta de la democracia, pues si vienen los ambiciosos con sus cuentos de caminos a querer vendernos espejitos de colores, se encontrarán con una sociedated despierta que reclama sus derechos.
Es la hora de la Venezuela democrática que empuja las puertas de la dictadura para salvarnos de esa pesada carga que nos dejaron Hugo Chávez y Fidel Castro como símbolos de la podredumbre política del Continente. Con ese salto atrás de 40 años entramos al nuevo siglo encadenados al populismo como consigna y predestinados a colapsar en medio de tantos actos de barbarie que separan a una sociedad de la grandeza de una orgía del comunismo continental.
Basta de teoricismos políticos, basta de locuras del poder y sobre todo de la incompetencia de bicharracos que llegaron al trono de mando sin los argumentos para elevar el modelo político de un país. No hay otra alternativa que salir de ese socialismo del Siglo XXI que nos hizo trastabillar en medio de la oscuridad de nuestros pueblos, pues es evidente que la barbarie se nos vino encima para encanarnos al pasado sin ninguna excusa, pues fuimos nosotros los que decidimos hace 21 años entregar la República a Fidel Castro y sus secuaces.

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