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Paradigma: Cuentos de la miseria

Manuel Avila

El gobierno cree que con vender las bolsas Claps resuelve los problemas de la gente y es mentira porque ni se imaginan que hay más allá de los linderos de la pobreza. Es que ni se imagina el siquiatra loco la triste realidad de un pueblo sumergido en los linderos de la muerte.
Así han ido minando las fuerzas de un venezolano sumido en el fanatismo extremo que solo les garantiza unos bonos miserables y unas bolsas de la muerte como la han bautizado los que critican los alimentos baratos traídos de otras naciones del planeta. Pero la gente celebra, baila la rumba y zapatea cada vez que compran la bolsa que les llega cada mes por la vía del control alimentario del Gobierno Nacional. Esa realidad que se cuelga de nuestra alma al ver morir de hambre a muchos que no tienen la posibilidad de adquirir sus alimentos, ni de comprar sus medicinas, ni de ir al médico y menos ir a una clínica porque lo que ganan no les alcanza para comer, ni vestirse, ni comprar desodorante, ni shampú y menos para vestirse.
Pasamos de ser un territorio donde podíamos comprar ropa barata a no comprar nada y por eso las mujeres tienen un solo sostén, un solo interior y a lo mejor una sola pantaleta. Estamos en una situación de caos que raya en la pobreza extrema hasta el punto que parte de la sociedad se dedica a bebe ron para matar el tiempo y caer en la ruina moral de lo que es un borracho crónico. Otros se pierden en el mundo de las drogas por lo que es irreversible su regreso a la vida normal. Esa situación que estamos atravesando obliga a la gente a jugar más, a convertirse en ludópatas enfermos que solo viven para el juego cada días.
Con esta sociedad enferma de muerte lenta porque cuando van a los hospitales se encuentran con un cuadro dantesco que los condena a la desaparición física antes de tiempo. Es por eso que la creación del estado Mayor de Salud es simplemente una bandera política para arrebatarle al Gobierno de Alfredo Díaz la salud para mantenerlo con las manos atadas ante la posibilidad que se gane el cariño de la gente. Y es que le cortan el camino por todos lados para evitar que otro ente tenga acceso al contacto con la ciudadanía. Y es que los chavistas tienen 21 años jugando al revés para que el pueblo se arreche y no pasa nada porque este pueblo quedo congelado entre la nada y la babosería.
En esta sociedad manejada bajo el mismo patrón cubano dirigido a convertir a la gente en mutantes del proceso, nació la Venezuela de la miseria que ve con estupor que los sueldos de los funcionarios públicos es solo un ícono simbólico de la nada social.
Lo que no se sabe cuándo despertará este pueblo glorioso para reclamar su libertad, pues es evidente que esta tierra dejó perder su democracia ante los ojos de los ciudadanos que se sentaron a ver como cambiaron la Constitución, cómo los caparon a maceta y por supuesto como entregaron nuestra fortuna a las distintas naciones del planeta. Si sumáramos la cantidad millardiana en dólares que los Presidentes Chávez y Maduro gastaron en su visita a todas las naciones del planeta, no quedan dudas que este país no estará atravesando esa calamitosa situación que le quema el alma.
No hay culpa del comunismo sino de los promotores de un pisillo socialista que terminó sin ideas, sin proyecto y consumiéndose en las aguas putrefactas de una sociedad ataviada de mentiras y edulcorada en una filosofía de la ignorancia que se cuela por debajo de las puertas como el frío de octubre. De esa locura revolucionara brotó una clase social que grita consignas, se pudre por dentro de miseria humana y hasta dejó de escuchar las canciones de Alí Primera porque las crítica de sus composiciones le caen a la medida como si fuese un anillo de matrimonio. Esa estafa a la Venezuela del silencio quedará grabada en la conciencia de José Vicente Rangel y Luís Miquilena como el capricho que destruyó en 21 años el futuro de un país democrático.
En esa comedia de la destrucción nacional participaron actores de reparto que solo aplicaron un guión escrito por Fidel Castro para destruir a un país que no es el suyo, pero que le permitió a estos depredadores del mal poner en práctica un ensayo de la maldad que hizo transformar a un u n pueblo en mutantes con el alma desgarrada por el silencio de la gente. Mudos nos quedamos para siempre caminando como momías ante el paso desmedido de los clarinetistas de la autodestrucción nacional.
La empresa estatal petrolera quedó vuelta estiércol porque sus proyectistas entendieron que la única forma de cautivar al elector es alquilándole el arma a precio de castañas. Combinaron la picardía con la brujería de los paleros cubanos para enterrar a miles de almas que creyeron en la filosofía de Lucas Estrella y los mandatos de Diosdado Cabello para hacer desfilar a pie juntillas a los hijos de la ignorancia. Si esos ilusos del Socialismo del Siglo XXI no hubiesen aparecido en la escena no sabemos en qué lugar del planeta estuviera esta Venezuela pujante que con su oro negro y sus riquezas del subsuela era suficiente para que los ciudadanos pudiesen encaminarse a los confines del mundo.
Con ese boom del Socialismo del Siglo XXI nos pintaron pajaritos de colores y llegamos a creer que viviríamos mejor que los jeques del Medio Oriente y hasta ahora solo le ha tocado como regalos solo la mendicidad, la muerte y la pobreza de alma.
La misma sociedad se sacudirá las alas porque los políticos nada han podido hacer en medio de este torbellino que se lleva por delante a los hombres de rojo que solo fracasaron ante los ojos de los mandatarios de la lujuria socialista. Por eso cuando escucho a quienes apoyaron al régimen diciendo que se va del país no me queda otra que llamarlos cobardes porque no son capaces de defender ese monstruo que crearon para destruir al país.

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