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Mardeletras: El maíz de la discordia

Juan José Prieto Lárez *


Mientras era descubierta la harina de maíz precocida, por ende antes que se hiciera infaltable en la mesa margariteña, solo era posible comerse una arepa de maíz pilado ya fuera blanco ya fuera amarillo. Lejos estaba el mundo de enterarse de que la ideologización de factores políticos se esclarecía según el color del grano salvador.
Eran los tiempos de Acción Democrática (AD) y Unión Republicana Democrática (URD). Ambas toldas mantenían tal disputa ideológica, que la afrenta era visible hasta en lo estrictamente culinario. En cada hogar el maíz representaba una consigna política. Cada familia, con toda libertad, compraba en equis bodega el blanco o amarillo maíz. Tal polarización causaba conmoción entre los bodegueros, quienes debían tener la mercancía de ambos colores, aun con alguna individualidad partidista. Me tocó de cerca vivir tal situación, porque mi padre Juancito Prieto, era un jovitero furibundo, claro, compraba entonces dos sacos de amarillo, uno de los cuales era para el consumo doméstico y uno blanco para la clientela adeca. Así libre de culpas estaba la bodega El Almendrón.
El color de la bola de masa que se llevaba delataba la simpatía por tales líderes. Cada quien sabía quién era quién. Por aquellos tiempos había en La Asunción lo que llamaban máquinas de moler. Donde la población acudía cristianamente a diario cargando su pana con el maíz sancochado. Comenzando la madrugada había que hacer fila para recibir del otro lado del molino la porción de masa. Desde esas horas la muchachada, me cuento entre ellos, antes de irnos a la escuela debíamos cumplir con esa sagrada tarea. Estas máquinas estaban en Buenos Aires, justo al lado del hoy Colegio de Médicos, en El Mamey, frente a la Cruz, subiendo para el Copey, frente a la Plaza Arismendi y en la Otra Banda, cerca del negocio del señor Bardomero Campos. Si alguna estaba dañada comenzaba un periplo por el centro de la ciudad.
Recuerdo que una vez mi papá antes de salir a cumplir con el mañanero mandado, me dijo: ¡no dejes que nadie con maíz blanco se te colee y cuidadito lo traes veteado de ese color! El mandado era cumplido con rigurosidad, de lo contrario por lo menos un regaño era seguro. Al fin apareció la harina precocida y estas trifulcas se fueron disipando en el tiempo. Ahora hay que comerse la que esté disponible.
*Periodista

peyestudio54@gmail.com

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