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Paradigma: Extraviarnos de nuevo

Manuel Avila

Esa parece ser la consigna de la oposición venezolana cuando empezamos a jugar a la perfección para verle parches en el ojo a cada ciudadano que asome la cabeza para salvar al país. Por eso los ataques a mansalva contra Guaidó son parte de la inmadurez política de una sociedad atrapada en la nada de las especulaciones comunicacionales para confundir al ciudadano. Pareciera que la idea es confundir a la gente para que no haga nada, para que no piense y sobre todo que siga cocinándose en la salsa de la ignorancia.
Se acepta que critiquen a los diputados que no hicieron nada en los últimos años porque su minusvalía no le permitió accionar, tomar la palabra y entender que fueron electos por un pueblo para pegar cuatro gritos y proponer algunas ideas coherentes. Todas esas ideas de formar el nuevo ciudadano que cambie los destinos de la patria son bienvenidos cuando lo acompañamos de una dosis de ciudadanía que refleje la madurez de un pueblo. Pero lo que no puede ser serio es que la gente pretenda escribir mal para justificar la tesis de la mala ortografía que propone el chavismo como innovación para convertir a esta sociedad en una legión de analfabetas sin rostro. Es que la mala ortografía siempre será penada en una sociedad que se formó para la grandeza y no permitirá que los que se auto proclaman como los hijos de Chávez terminen destruyendo el legado de Andrés Bello.
Ante esa arremetida de cosas inocuas que devoran el alma nacional solo debemos estudiar cada día para tener la conciencia suficiente que permita a los hombres de esta sociedad cambiar el curso de la direccionalidad política. Y es que esta sociedad atrapada en las redes de la ignorancia patriotera está obligada a parir un nuevo país para empezar a recuperar lo que ayer tuvimos y hoy caminamos con el sol en la espalda.
No podemos extraviarnos de nuevo en medio de la oscuridad de una revolución que no terminó de resolver los problemas supremos del venezolano, pues con las necesidades de agua, luz, gas, seguridad, salud, educación, alimentación, medicinas, médicos, sistema hospitalario, transporte es suficiente para ver caminar de espaldas a la realidad. Y es que esa Venezuela herida de muerte por los diseñadores de políticas obsoletas que terminaron encerrando al ciudadano en la esclavitud del atraso.
Cuando se inició la revolución con su carga de promesas populistas que prometían una nueva patria, la gente creyó que estaba dando la campanada para tener el país ideal. Ese experimento que arrancó con los mercados populares en la Avenida Bolívar de Caracas era parte de la tragedia diseñada por expertos internacionales en políticas fantasiosas para iniciar la debacle de la historia nacional. Pasamos varias etapas del proceso con la palabra como la clave para mentirle descaradamente a una sociedad que creyó en la redención social de nuestros pueblos. Volvimos a pelar el pedal porque regresamos a tientas sobre una historia de errores que habíamos prometido no regresar al pasado de las dictaduras brutales. Atrás dejamos el capítulo de la Vaca Sagrada con Pérez Jiménez como el pasajero de la muerte revolucionaria.
Entregamos de nuevo las armas para condenarnos a la miseria colectiva y a la destrucción de una nación que iba proyectada al progreso con inversiones que implicaban el sacrificio de los recursos del Estado para hacer la nueva sociedad. Pero nos extraviamos en el camino para dar a Fidel Castro el poder supremo en la planificación de la Venezuela rural que traería de nuevo las enfermedades tropicales. Esa parecía la idea de hacernos perder en el camino para que tropezáramos de nuevo con una historia hedionda a pólvora y sangre, pues es evidente que los ciudadanos aceptamos que había analfabetismo por todas partes y nuestra sociedad debía recomponerse con unas misiones cuya carga semántica estaba fundamentada en el populismo. No es cierto que Chávez y sus conmilitones erradicaron el analfabetismo en Venezuela, pues ahora cuando de nuevo insisten desde el MPPE en legitimar la mala ortografía esa es solo una idea perversa de darle una patente de corso a la ignorancia nacional. Es que ya hay suficientes personas con la corona de la ignorancia como soporte de su paso por la vida, pues es evidente que cada día la ignorancia gana más terreno.
Por todos lados vemos a profesionales con la Gaceta Hípica como su libro de cabecera soy con las barajas como su Bíblia personal, pero la gente hace caso omiso a los dibujos que nos muestran en las calles de nuestros pueblos a los mismos vagos que apuestan a la nada solo para conseguir los beneficios personales y solo eso. Pero de los beneficios para una sociedad que de destruye en solitario, nadie mira por salvar a la patria.
Es por eso que la mayor parte de los ciudadanos se entregaron a las bondades de la flojera al condenarse a las bolsas clap, los bonos del carnet de la patria y las dádivas de la revolución, pues en el mundo de su fantasía creen que viviendo de la caza y la pesca podrán mantener una sociedad de zombis sin rumbo.
En ese mundo de inacción mental caminamos esperando las quincenas para comprar lo mínimo para la subsistencia y rogando a Dios que en el discurso de la semana el mandatario anuncie otra beca para cobrar alguito más. En esos sueños de pobreza milenaria el hombre de este país tropical se casó con la idea sacrosanta de pedir en el altar de Chávez un nuevo milagro populista para salir de la miseria cerebral que lo condenan al fracasó por enésima vez.
De esa torpe forma de ver el mundo vemos los disfraces de personajes de la política a analistas sin corona que saben más que Dios y opinan como sabios de la nada para continuar por los senderos de la atrofia social. De esa forma criticamos de nuevo a Guaidó y los condenamos a la hoguera sin importarnos que solo de palabrejas y opiniones obtusas se adorna nuestro ámbito cerebral

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