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Bolivia el vacío de poder


Eneida Valerio Rodríguez

Había llegado desde Oruro, su espacio natal y relucía su humildad como líder sindical. Sin embargo, no escapó de lo que suele pasar a quienes definen tal condición como carta de triunfo para el ejercicio del poder, tomando en cuenta el sufrimiento por la pobreza como estigma y criminalización personal lo cual le facilitó jurar para aumentar su deseo de servir en beneficio de las mayorías castradas por la exclusión.
Evo Morales, pasó de ser un líder cocalero para convertirse en un defraudador de las arcas públicas según fuertes rumores que rindieron beneficio y menguaron su capital político en su país y también entre etnias que constituyen en Bolivia el 90% de la población y a la que una de ellas pertenece; la Aymara.
Se aferró al poder y estaba dispuesto a desafiar la legalidad constitucional de su país, que desde el 2006 le tenía como presidente. Evo Morales, dejaba la “humildad” de su origen campesino y en consecuencia, de pobreza como suele suceder en buena parte, del liderazgo de estos países latinos para convertirse en reyezuelo con aviones y helicópteros enteramente a su servicio.
Ciertamente, había deslastrado en buena parte la pobreza en Bolivia. Pero había cansancio de sus abusos de poder y el rechazo creciente en tal sentido, no pudo contenerlo en la ambición desmedida por las mieles eternas del poder sin límite.
Desafió el rechazo a la reelección por 4 vez, obtenido en el referendo para tales fines y realizado en 2016. No quedó conforme y apeló el mismo. Así el Tribunal Superior de Justicia y el Electoral, se alinearon para aceptar su reelección y con ese aval, se presentó para un nuevo periodo.
Aferrado al poder con críticas severas por su comunismo, implantado como filosofía gobernante, vio recrudecer las protestas y debió sentir que el Informe de la OEA publicado unas horas antes de su renuncia, lo dejaba sin aliento, ante las evidencias de fraude con más de 35 mil actas pasadas por un servidor no conocido en el proceso sumatorio de actas que le dieron un “triunfo” al que renunció el pasado domingo. Esta fue una de otras difundidas por el ente regional en el mencionado Informe.
Sin dudas, la relatoría veedora de la OEA dio en buena parte con el traste de sus pretensiones .En este punto, la OEA de cuyas actuaciones pretendió hacer mella en lo referente a las cuestiones políticas declaradas por aquella instancia para el caso Venezuela, irónicamente, aceleró su caída.
Bolivia, es el país del altiplano. De las Llamas, de cuyo pastoreo se sirvió para marcar parte de su carta de presentación en su desarrollo político inicial. Es asimismo,la hermana República de lazos históricos desde los años de las libertadoras batallas preconizadas y coronadas exitosamente por el Padre Libertador, Simón Bolívar.
En este sentido histórico, aquel país tributario por otra parte, de pasión acelerada por el futbol, deporte del renunciante presidente, jugará a partir de los venideros análisis políticos, un papel protagónico en la batalla librada por su pueblo, suficientemente cohesionado en cuanto unidad política, para poner fin al periodo más amargo de un gobierno ideologizante y de aspavientos dictatoriales de un líder que engañò la esperanza de un pueblo asomado a la paz duradera y estable.
Evo Morales, ahora enfrenta la contrapartida de su renuncia .Comenzó la etapa de señalar que no ha dejado de gobernar. Que sigue en el cargo. Continúa el ruido más demoledor contra la buena comunicación; el rumor, fabricados en los mismos laboratorios, de guerra sucia plenamente conocidos. El vacío de poder continuará y Bolivia volverá a mostrar que la unidad valió la pena también para desafiar pero en este caso, la gallardía de su historia republicana.

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