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Gotas de alboradas: Diálogo, votos, violencia

ADALBERTO ORTA

     Elecciones libres con un árbitro confiable y supervisión internacional, es una vía sensata para dirimir diferencias políticas y de otras índoles. En España por ejemplo,  este domingo 10 de noviembre de 2019 hubo elecciones, el PSOE obtuvo 120 escaños, tres menos que en las elecciones de abril pasado, el PP 88, Vox (partido de derecha) 52, Podemos 35, ERC 13 y Ciudadanos 10. Sigue buscando España por el sendero del sufragio el mecanismo más idóneo para superar diferencias y lograr una gobernabilidad estable. ¿Lo lograrán? El diálogo, se hará necesario para tal fin; toda vez que ninguno de los bloques tiene una mayoría suficiente para gobernar. Lo importante, es que el voto y no la violencia marcan un camino. En España para hacer gobierno es necesario hablar, pactar y gobernar.

 En el Salvador, Uruguay, Argentina y Colombia, el voto abre horizontes de entendimiento. En Bolivia, el poder del voto la participación y la supervisión de entes internacionales, logró detectar fallas en el proceso de escrutinio,  sin buscar justificar la violencia que lamentablemente ha surgido en ese país; lo cierto, es que la abstención al único que beneficia es al gobierno de turno; sin votos, jamás se ganan elecciones. Cuando se vota masivamente, es imposible llegar a ocultar la verdad de un pueblo cuando se manifiesta. Ahora bien, en el 2016 se realizó un referendo en Bolivia, domingo 21 de febrero, el objetivo era la aprobación o rechazo del proyecto de modificación constitucional para permitir al presidente, Evo Morales o a su vice presidente postularse a ser reelecto nuevamente, él no se impuso con el 51,3%, la participación del pueblo boliviano fue del 84,45%.  ¿Por qué no se respetó la voluntad del pueblo?

 Las irregularidades observadas por la OEA, más la presión de la sociedad y las fuerzas policiales y militares, condujo al presidente en ejercicio Evo Morales a renunciar. Una cosa concatena con la otra e insisto no justifico la violencia; pero es posible que todo esto se hubiera evitado. Es lamentable que la violencia extrema, la arremetida de odio en contra de altos funcionarios y/o militantes del partido de gobierno de Morales, hayan sido víctimas de la agresión por parte de manifestantes afectos a Meza y a Camacho. Esta vorágine, seguramente tuvo estimulo internacional, para nadie es un secreto las ansias de la oligarquía y el Departamento de Estado de los Estados Unidos en tener gobiernos aliados para sus pretensiones de dominio mundial y fundamentalmente para apoderarse de los recursos naturales. La geopolítica está en juego, así también el deseo de perpetuarse en el poder de muchos líderes que se creen mesiánicos, considerándose imprescindibles y al final frustran a generaciones de relevo. Cuando se vulnera la ley nace la impunidad, hace eco la injustica y los resultados son inconfesables. ¡Ojalá! y en  Bolivia la democracia sea el camino final, que los votos transparentes decidan el  destino y que la civilidad sea la que haga el ejercicio de gobierno. El diálogo debe florecer en la sociedad Boliviana, es mejor hablar que desatar una guerra civil.

 En Venezuela, tenemos que aprender a oírnos, a respetarnos, a conversar, a entendernos, a recuperar el valor del voto. Estimo que los factores de la violencia no van a pretender buscar una escalada agresiva en nuestro país con nuevas aventuras y acciones inmediatistas. En Bolivia, hay unas características específicas desde el punto de vista social y político. Nuestro país Venezuela,  urge de diálogo, negociación, acuerdos, elecciones y reconciliación. El gobierno de Maduro, tiene que respetar y cumplir sus compromisos. A la oposición le sale construir una estrategia común, pisar en suelo firme y cumplir sus responsabilidades. Ambos desde la Asamblea Nacional, tienen el deber de nombrar un nuevo CNE por consenso.  Basta de polarizar, es tiempo de trabajar por el bien de Venezuela.
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