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Paradigma: Apostando a la cultura

Manuel Avila

Nadie va a defender la historia de nuestros pueblos, nadie va a defender las tradiciones y nadie va a defender la robleridad. Si el juego consiste en echárselas de vivos vamos a luchar contra las ilusiones de los pueblos que empezaron a caerse de repente en el hueco de la muerte por retazos de los poco que nos queda.
Casualmente asistí al CELTTE a escuchar las ponencias de dos tacarigueras amigas Yumeli Rivera y Leyda Rivera porque vienen del mundo de la educación donde las conocí y la emprendedora de Coco Cronch, Mariela Morales que con la moderación de Magaly García hicieron ponencias super interesantes sobre sus marcas. No hay dudas que cada una defendió hasta sus formas de mantener el producto en su primera etapa hasta el final y están convencidas que nada le cambiarían al proceso que han realizado hasta ahora para llevar el producto al mercado. Por supuesto el producto de “La Grea” está en una dimensión distinta a “Coco Cronch” por la metodología que han seguido las hermanas Rivera y toda la familia para hacer crecer esta empresa familiar. Y lo más importante cómo han involucrado a su pueblo en el desarrollo de su empresa. Eso llama poderosamente la atención porque pensar en el beneficio colectivo es un planteamiento que habla de la grandeza de estas corajudas empresarias margariteñas.
Llama la atención la explicación de Yumelis y su hermana que explicaron la forma como han ido incorporando a su pueblo a la Feria de la Cachapa donde los tacarigueros trabajando en colectivo se han unido para formar una legión de defensores de “la tacariguidad”. Por eso nos fortalece a los que andamos navegando sobre la historia, las crónicas y las tradiciones porque nos alegra cuando los pueblos se integran a la defensa de sus particularidades esenciales. Es que los pueblos cuando pierden su esencia se convierten en cueros secos que se pierden en los cobertizos de la historia. Por eso cuando Yumelis y su hermana Leyda hablaban de los esfuerzos de los tacarigueros por estar en los stands con las mejores cachapas y hacer de la Feria de la Cachapa un símbolo de la Tacariguidad envidié ese sentido de pertenencia de pueblos ancestrales que han entendido que el turismo no se cultiva con música reguetonera o con otros tipos de grupos que no se acercan a la visión tradicionalista de nuestros pueblos.
Ese relato de las hermanas Rivera más allá de la historia de “La Grea” su emprendimiento que mantiene ocupada a toda su familia y a los agricultores de su pueblo, es parte de la identidad de una gente que entendió su paso por el mundo. Pero sobre todo el orgullo que sienten los habitantes de Tacarigua por sus tradiciones al hablar de la Casa de Cheguaco como un templo de la historia y la cultura que es parte del sueño de sus pobladores por crecer en medio de la crisis que agobia al país.
Todo el ritual de la molienda del maíz es espectacular porque refleja el culto a las tradiciones de un pueblo agricultor que sigue apegado a la tradición de su gente, pues es evidente que los pueblos que sepultan su historia al cambiarla por dólares, euros, petros o bolívares, se empiezan a morir prematuramente porque se pierde la identidad y el compromiso con el lar. Esa tesis de entregarse a la vorágine de la modernidad es válida cuando los ciudadanos saben hacia dónde van, pues es evidente que la identidad no se etiqueta con trajes de luces, con maquillajes escandalosos o con gritos que solo dejan estelas de la perdición en las alas de los pueblos.
El momento en que los tacarigueros se echan al hombro el trapiche que sus pobladores pobladores traen del cerro para moler la caña, o las máquinas para triturar el máiz es parte de la tradición de un pueblo que está empeñado en realizar trabajos en colectivo para proyectar su terruño por los caminos del desarrollo. Y es que no se puede concebir el desarrollo de estos espacios insulares alejándonos de las tradiciones o convirtiendo las ferias en simples bazares de la metalización enfermiza. Pobres pueblos donde sus habitantes se apresuran a buscar dinero fácil solo en negocios turbulentos que nada le dejan a la comunidad. Eso es como lanzar una bengala en el océano para alguien venga a auxiliarnos, pues es evidente que realizar proyectos sin rumbo, donde solo los mercachifles sin objetivos definidos se reparten la botija es parte de la perdición humana. Es por eso que no aceptamos los pasos cruzados y las jugadas tras bastidores que dejan brechas gigantes ante quienes vemos con una lupa las jugadas a espaldas de los pueblos.
Por eso gritaron las hermanas Rivera con orgullo “Tacarigua es Tacarigua” para ondear las banderas de la identidad regional y meterse en el círculo de la cultura de un pueblo de agricultores que es capaz de surtir a su empresa familiar “La Grea” con tamarindos, dátiles y pepinos que son los productos generados por ese emprendimiento para proyectarse por todo el país.
Creer que una feria es solo un negocio es parte de la ignorancia de seres sin alma que no conciben estas actividades como la proyección de una isla turística en su esencia y tradiciones. Por eso la historia hay que tratarla en su más amplia dimensión al tomar el ejemplo de La Feria de la Cachapa de Tacarigua como un modelo del esfuerzo colectivo que forma parte del amor por su tierra, De eso se trata este negocio que impulsa los emprendimientos y conjugan la historia, la identidad y las tradiciones culturales en un paquete importante de elementos para llevar el turismo insular a puerto seguro. Creo que ha llegado el momento de entregar la responsabilidad a un organismo superior que vea desde el universo los pasos cruzados que se dan para evitar que se proyecte la verdadera esencia de los pueblos.
La historia no perdonara a quienes solo se atreven a participar solo para conseguir ventajas pecuniarias que es válido se encuentren en estos vericuetos de la cultura tradicional, pero es necesario hacer un alto en el camino para evitar la contaminación de una cultura insular que merece respeto,

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