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A La Asunción, en sus 419 aniversarios

Edmundo Prieto Silva

Estaba dando final a mis palabras escritas cuando recibí la noticia de la Muerte del Gran Arquitecto Venezolano: Luciano Gasparini .. Inicio estás palabras con esta investigación sobre la arquitectura de la Asunción.
La construcción simultánea de los templos de Coro y La Asunción, iniciada a fines del siglo XVI, marco el comienzo de nuestra arquitectura religiosa colonial. Aunque en la isla de Cubagua existieron con anterioridad construcciones religiosas, sus características arquitectónicas no llegaron a ejercer ninguna influencia en los métodos constructivos y conceptos formalisticos de las obras posteriores.(Gasparini,Graciano. Obra La Arquitectura Colonial en Venezuela).

En el año de 1567, el tátara, tátara abuelo el Capitán Pedro González Cervantes de Albornoz, personaje que muchos desconocen históricamente, debido a que la despoblada ciudad de la Margarita no tenía en sitio adecuado para la subsistencia de las familias que la habitaba las juntó y las conduce a una más adecuado que tenía el nombre de Santa Lucía que luego es bautizada como la Asunción de la Margarita. Eran sus pobladores los antiguos habitantes de Pueblo de La Mar que había sido desbastado por incursión de corsarios y la del Tirano Aguirre..La Ciudad por sus virtudes de los habitantes de gran jerarquía y virtudes de acatamiento de los mandamientos del reinado español Y cumplido los resquicios legales le confiere el Rey Felliphe III La Jerarquía de Ciudad Otorgándole el Título de Ciudad y Escudo de Armas el 27 de Noviembre del Año de 1600 es decir nos da el Rey la Ciudadanía.Es un día beneplácito para mi igualmente, pues fue un 27 de Noviembre cuando asistí a al primer acto público municipal en el Distrito Capital como concejal; También en el año 2015 un 27 de Noviembre se me honra con la Condecoración Ciudad de La Asunción.. En el tintero tengo muchas palabras escritas sobre La Ciudad La Asunción .. Voy a escoger algo que plasmó un Gran autodidacta, con quien compartí muchas experiencias sobre la escritura y la investigación, se trata de Don José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco) de la revista «Margariteñerias» que dirigió otro Ser extraordinario Don Felipe Materia Vanderlinder Cito, Para los margariteños en general, La Asunción, era la ciudad por antonomasia. Desdé aquel lejano 27 de noviembre del año de 1600, cuando el Rey de España y sus dominios Felipe III, se dignó otorgarle el título de ciudad y Escudo de Armas a la Villa de Santa Lucía…por apelativo «Ciudad “simple y llanamente, y desde entonces no existieron más asuntinos o asuncenses, sino únicamente ciudadanos”. De la «Ciudad»-continua Cheguaco-, iban los ciudadanos especialmente hacia los puertos de Juangriego,Porlamar y Pampatar con sus burros cargados de mangos, piñas, nísperos, plátanos,naranjas,tomates,pandelaños y cuánto Dios criaba en sus fértiles tierras y de allá regresaban con otros tantos menesteres para la complementación de la dieta doméstica…»La Ciudad por antonomasia de Margarita–,no por simple idolatría sino que es por su pasado histórico..»
El escritor e investigador Manuel Díaz Rodríguez en sus Apuntes de Viaje hace unas narrativas de La Ciudad de La Asunción «… Hay un edificio no concluido de los días de la Colonia, destinado a iglesia bajo la advocación de Santa Lucía… Hay un fortín de Santa .Rosa en una pequeña altura al oeste de la ciudad Se ve allí el calabozo donde estuvo Luisa Cáceres, La mujer de Arismendi.—Es muy bello el paisaje que se desde el castillo: La ciudad tendida al pie del cerro Matasiete a cuyo flanco se alza una columna vovita. El valle ancho al sur se continúa al llegar a la ciudad hacia Guacuco o sea la costa de Pampatar.En los aledaños de la ciudad sobre todo de la parte sur y dentro de la ciudad es un solo cocal. Las Calles mismas tortuosas y curvas están en su mayor parte bordeadas por tapias de huertas. El valle ancho al sur se continúa al llegar a la ciudad hacia Guacuco o sea la costa de Pampatar…» Enrique Bernardo Núñez en su Obra Cubagua, el escritor narra: «En el centro de Margarita La Asunción erige sus paredones de fábricas abandonadas hace mucho tiempo y las tapias blancas de sus corrales ornamentados de plátanos…A la entrada de La Asunción unos matapalos vierten sus copas maravillosas junto a un franciscano convertido en casa de gobierno. En la plazuela está el templo y el antiguo Ayuntamiento donde se ve todavía el escudo de España… Los callejones se retuercen vetuosos, silenciosos…Tarde y mañana, las muchachas conducen el agua hacia los barrios más lejanos. Las campanas caen pensadas, monótonas, marcando inútil el tiempo. El dia declina rápidamente en sombras melancólicas. Entonces un empleado enciende los faroles. Huye el verdor de las montañas circundantes y los murallones del castillo de Santa Rosa se hacen más oscuros…» El asuntino Mario Salazar, en su obra Isla Sol y Leyenda : «La Asunción Ha pasado llevándose a cuestas la odisea multiforme del acontecer histórico. Y ahora en el ambiente de la ciudad se advierten dos factores de la evaluación cronológica. Hay flores y verdor tamizando la luz que se desparrama sobre los nuevos parqués en las pavimentadas avenidas y por las aristas de las modernas edificaciones. Y también hay ramazones que se salen por lo alto de los cercados para cubrir con encaje de sombra la gracia morisca de los aleros…Desde las colinas rojizas y grises puede contemplarse la extensión del valle en una magnífica panorama, no obstante que entre el Copey y Matasiete el lienzo verde de un copioso bosque de cocoteros, no deja ver sino la esbelta aguja de la torre y el fondo lejano y turquesa de la playa de Guacuco.Por la abertura del este, que es una incisión en el sistema montañoso que cobija el valle, llega la brisa del mar trayendo sus agradables sabores para el almacenamiento de las frutas olorosas…En el ambiente semicolonial de la benemérita ciudad de La Asunción aún perdura la tradición del antiguo señorío, y se goza en su regazo de una proverbial cordialidad…El aspecto humano que se observa es la sencillez e hidalguía de sus gentes, encuentra marco adecuado en la visión bucólica de su paisaje y en la placidez que fluye de todos sus rincones». No puedo terminar estas palabras escritas en homenaje a la ciudad que me ha dado los más grandes placeres de mi vida La Ciudad de La Asunción, sin añadir las del Maestro de Maestros asuntino excepcional Luis Beltrán Prieto Figueroa que tomo de un discurso histórico en la Plaza de La Juventud de la ciudad La Asunción. En ninguna parte » es más difícil para mí hacer un discurso que en La Asunción. Aquí nací y aquí me crié, aquí tengo sembrado todos mis afectos y aquí también me creció la esperanza de hacer cosas grandes por mí país…Y yo tengo aquí mí casa y tengo sembrado mi ombligo y aquí puse a suerte la luz de mi parábola de angustias, parábola de afectos, parábolas de esperanza, parábola para que el trabajo en el trabajo se realizara el esfuerzo de todo mi pueblo en creaciones, que fuera el mismo tiempo expresión de cuánto él anhela, de cuánto
él aspira, que es también aspiración y que es anhelo de mi propia creación y de mi propia conciencia… Pueblo de La Asunción, pueblo generoso y pueblo grande: tu historia va contigo, yo soy parte de esa historia, porque he contribuido a haciéndola generosa y grande para que en ella quepa la ambición de nuestros héroes y la aspiración de todos, jóvenes y viejos de estas tierras, hombres y mujeres que sembraron su angustia, que buscaron lejos de la tierra el bienestar que no encontraron y que se sembraron en esta Isla para seguir luchando en ella, y yo entre todos y unidad y multitud a la vez, quiero ser el interprete de mi pueblo…» Concluyo con estas palabras de un Venezolano, Hijo ejemplar de La Ciudad de La Asunción Efraín Subero «La Asunción: Pasos de la Semana Santa. Testamento de Judas. Décimas de Velorio. La pátina y de la piedra. La oración y el río. La pared y el convento. La música y la fronda. El verde que se va y se viene verde. Y la tranquilidad y el sosiego. Y la vida que anda, gota a gota, paso de procesión y tinajero… La Asunción! Si esta ciudad llega algún día a morir, se que mi alma morirá con ella».

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