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Mardeletras: Trinquete, el nuestro: sus ocurrencias

José Rodríguez Suniaga


En el hermoso Valle de Santa Lucia, nuestra Asunción querida, han existido desde tiempos remotos personajes pintorescos y famosos, cada uno con sus características determinadas: ocurrentes, exagerados, embusteros, forzudos, flojos, chismosos, entre otros. De tal manera que, los pobladores de las diferentes barriadas reclaman para sí el protagonismo de popularidad para cada uno de sus pupilos. Tal es el caso de los que vivimos en El Mamey y lugares cercanos, cuando reclamamos como nuestro a Jesús Rafael Marcano Espinoza, mejor conocido como Chuito Trinquete.
En Chuito Trinquete convergían una serie de elementos que lo hacían un personaje súper interesante, y era que su carácter polifacético le daban una visión más amplia del quehacer pueblerino: panadero, barbero, bodeguero, chofer, camionero, albañil, plomero, cabillero, carpintero, matarife y pelotero, entre otras cosas. Obviamente que el ejercicio de todas esas facetas estarían dentro de la normalidad de cualquier mortal, si no estuvieran marcadas con el sello de la chispa oportuna, la magnificación de los hechos, la exageración de las vivencias, el humorismo fino y original, la gracia particular y el estilo tan personal que caracterizaban las ocurrencias de Chuito Trinquete.
¡Ah vaina te vas a reír!…ustedes creen que es embuste?… ¡Que me reviente Dios a mi si lo que digo es mentira! Estas eran las expresiones que comúnmente utilizaba para acallar la risa de los interlocutores, ante la magnitud de la exageración de lo narrado y que siempre en cada una nueva entrega llevaba consigo otros elementos de su fecunda y fabuladora inventiva.
Las ocurrencias o cachos de Trinquete son suficientemente conocidos por todo aquel que se considere asuntino. Varias generaciones le sirvieron de inspiración para la composición de sus libretos: Con Cheo mea mea nació la bicicleta helicóptero; con Arquímedes Espinoza, el ingeniero en puerco; con Omar Suniaga, la puñalada trapera; con Cheo Carobo, el rollo de cabuya; con la guardia nacional los jabones lechuga; con Jesús PIñano, las chacacas cargadoras; Pedro Chipia lo graduó de chofer; chopo Sánchez casi lo enloquece; los choques de Luis Dionisio; las locuras de Tilongo; y decenas de cachos más. La chispa ocurrente de Chuito ha recorrido grandes latitudes y la magia de la grabación la recoge en el chirriar de la manteca, el ruido de panas y sartenes, el olor a guiso y el posterior desayuno con arepa y mantequilla que popularizó el Conde del Guácharo en sus famosas presentaciones.
Este fue y seguirá siendo Chuito Trinquete. Hoy al cumplirse un año de su siembra queremos recordarle con la alegría que nos enseñó y continuar celebrando sus polifacéticas ocurrencias. Diodoraaa la bácula!

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