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Paradigma: Porlamar sin rumbo

Manuel Avila

Me senté a ver pasar la ola de gente que camina por Porlamar y es abrumador el remolino de ciudadanos que transitan por la Plaza Bolívar. Es una Ciudad despierta que lleva la muerte en su alma porque la dejaron maltratada y con dolores de parto. Ahí vi las caras del hambre desde el prisma de la poesía. Vi al zapatero recoger una iguiana muerta por el salto al vacío desde muy alto y con paciencia de orfebre el ser humano la llevó en sus manos como una joya hasta sembrarla en la tiera de donde vino. Esa era la hora del almuerzo y los comensales se agolpaban en los bancos paraengullir sus platos traídfos en bolsas de mercado y envueltas en hojas de periódicos viejos. Sin sanidad, ni resopeto por los demás la gente comía con hamnbre dándole mordiscos a una arepas torcidas y quemadas. Por los labios le corría la grasa de las lentejas y el olor a manteca de cochino embriagaba el ambiente. Solo me quedé mirando el paso arrollador de la miseria colectiva y la orfandad de un pueblo condenado a la pobreza eterna de sus ciudadanos. Aquí muy cerca el deslizar de la lona que pulía los zapatos y el olor a crema salpicaban el olfato fino de los comensales de la ciudad. Ahñi estaba Porlamar a las 12 m de cualquier día. Esa era la misma Porlamar de la abundancia y que ahiora es un espacio pobre para la gente pobre.
Caminar por Porlamar desde La Calle La Marina empezando en el negocio de Zoilo López es una ruta dolorosa. Ya no queda el negocio de Tarrayao, ni el de Felipe El Enano, ni la Farmacia de Patricio Quilarque, ni el Abasto deLuís Rafael, ni los Navarro. No queda nada en una Ciudad que se empezó a morir de manera rápida ante los ojos de Campito, de Francisco Castañeda, de Dámaso Navarro “Piche” y de tantos porlamarenses que sigue viendo los fantasmas de Juancho Colorado, de Pin, de Juanita La Tumba Gobiernos, de Melania, de Paqueca, de Kalica y de tanto porlamarense que vio la tragedia que le cayó a Porlamar encima. Destruyeron la Ciudad Marinera sus propios gobernantes complacientes que en vez de gobernar se ocuparon de sus negocios y no de transformar esa Ciudad que duele en una espacio patrimonial y cultural que la hicieran aparecer como una posibilidad de Patrimonio de la Humanidad. A Porlamar la volvieron trizas en medio de tanta improvisación gubernamental que la sepulto con sus historia, sus tradiciones y su cultura ante los ojos de los mismos tipos que asaltaron las arcas municipales durante mucho tiempo.
A nadie le dolió la parte histórica y cultural, pero menos lo patrimonial que le permitiera a la Ciudad Marinera exhibirse ante el turismo nacional e internacional como un espacio del arte, la cultura y lo histórico. De aquella Porlamar de los techos rojos que se mostraba esbelta y atractiva, solo quedan huesos molidos por el pasó arrollador de un pescador que bajaba presuroso de los botes para vender su producto de la pesca diaria a precios de la nada. Y las mareras que iban de La Asunción y de otras partes de la isla al centro de Porlamar con sus gallinas vivas, con sus maras repletas de berenjenas, yucas, maíz,pandelaños y mangos. Por otra parte las botellas de leche de cabra o de guarapo e´caña y que las exhibían como la salvación de la gente.
Eran otros tiempos que mostraban el Comedor Popular como el centro del sabor gastronómico, como el sitio neutro donde Inés Belén, Maguela, Nego Nego y tantos otros que aportaron al desarrollo de esa Porlamar que duele. Pero la Ciudad Marinera se volvió polvo cósmico al entrar en un deterioro progresivo que destruyó su casco histórico, su cultura y condenó a sus ciudadanos a huir de la ciudad por la invasión de personas provnientes de todas partes en busca del oro del Puerto Libre y se anclaron en estos espacios para convertir a la Porlamar de los amores en tierra de nadie.
Las barriadas aparecieron por arte de magia como lunares del desorden urbanístico hasta el punto de convertir esa Ciudad de la poesía en suburbios con gente desconocida que se asentaron en Porlamar produciendo una simbiosis de razas de todo tipo que le quito autenticidad a la margariteñidad de otros tiempos. A ese desastre contribuyeron muchos gobernantes que nada hicieron por su ciudad y solo la dejaron morir al no preservar la belleza patrimonial que una vez sepultado el Puerto Libre y la era de bonanza se le ven la huellas del tiempo y las cicatrices de muertos de morgue.
Caminar por Porlamar y sus aceras hundidas por el paso de los años, de la vías pulverizadas por la nada oficial, las fachadas molidas por el paso del tiempo y las purulencias urbanísticas de una ciudad bombardeada por gestiones inutiles dejan mucho que desear de la Porlamar de la tradición que con su Ronda, su Faro de la Puntilla, su Plaza Bolívar, sus jardines, su Iglesia San Nicolás de Bari, su cancha Fray Elías Sendra y sus casas de techos rojos, pero sobre todo de la nobleza de su gente ya no queda nada. Ni un cine le quedó a la Porlamar de siempre porque después que desaparecieron los cines La Arestinga, Paraguachi, Cinema,Paramaunt y el Cine al aire libre no quedó alguna huella del ambiente cinematográfico mariñense.
Pero el Porlamar de la era Puerto Libre solo nos dejó miseria y locales cerrados producto de la muerte de los negocios que ahora solo venden víveres y verduras y nada más, pero que mustran la ruindad del paso de la revolución por su calles. Esa Porlamar golpeada por sus gobernantes no se merece tanto castigo porque como una vaca lechera nunca recibió el mantenimiento necesario para consolidarse como una ciudad en desarrollo. Por eso puedo decir que Porlamar nada tiene que agradecerle a sus gobernantes porque la maltrataron por mucho tiempo y creen que con pinturitas de brocales o corte de algunas ramas secas, o con la limpieza de sus jardines es suficiente para mantener una ciudad de tanta dimensión histórica y cultural.
Tiene rato que no aparece el Club Progreso con sus intelectuales a marcar el rumbo con sus críticas que hagan a los gobernantes retroceder en su afán de hundir a Porlamar en las profundidades del mar. Se oyen pocas voces que griten a los cuatro vientos que Porlamar se muere de menguas ante los ojos de sus hijos que la ven tirada en una terapia intensiva que condena a los pueblos a su muerte inminente. Se muere la Ciudad Marinera y no veo una sola letra que reclame con derecho ciudadano la destrucción de ese Porlamar de los amores que solo recibió bofetadas a granel y desprecios al elevar el populismo a la máxima expresión.
Esa Porlamar que el zapatero de la Plaza Bolívar ve con tristeza desde su silla de limpiabotas y que le permite tener más conciencia que sus propios gobernantes al elevar oraciones a San Nocolás de Bari para que le dé entendimiento a sus mandatarios, y en algún momento reaccionen para que saquen sus ideas para recuperar la Ciudad Marinera. Nunca los gobernantes de Porlamar pensaron en la Ciudad y salvo algunos intentos por rodar la Ronda de una lado para otro y cortar cuatro ramas de la Plaza Bolívar o sembrar cuatro metros de grama japonesa, más nada se hizo por Porlamar, esa vaca lechera a la que todo el mundo le secó la ubre para dejarla abandonada como una niña huérfana, como una madre macilenta y como una matrona herida de muerte.
Qué desgracia la de Porlamar que nadie la quiso nunca y desde los tiempos de Bittar y Longart viene dando tumbos hasta convertirse en una dama mal vestida, harapienta y entregada a los efluvios de la maldad que corroe sus entrañas. y ahí viene la pregunta ¿A quién le duele Porlamar?. Todo era mentira que Porlamar le duele a nadie porque ni sus propios intelectuales sacan un manifiesto para reclamar un cariño para una ciudad que tantos ricos ha fabricado, pues eso no es mentira, Porlamar es como una vaca lechera a quien no le dan ni grama, ni agua de nepe y luego le piden que dé leche. Por eso los ciudadanos de la Ciudad Marinera deben ver a quien eligen como su alcalde porque luego se van y ni recuerdan donde le queda el Faro de la Puntilla. Esas son las ingratitudes de los gobernantes que cargan para siempre sobre sus hombros la pesadilla de no haber retribuido a la Ciudad los favores que les dio con sus votos. A lo mejor si otros que pensaron ser los gobernantes de la Ciudad hubiesen cristalizado sus proyectos, no habríamos pasado por esta tragedia que vive la Porlamar vuelta un cementerio de osamentas con nada de obras y si con el pesado fardo de su senilidad patrimonial que habla muy mal de los que tuvieron la oportunidad de ayudar a convertir a Porlamar a ser una Ciudad con rango de Patrimonio Histórico y la dejaron arriunada, ultrajada y convertida en una Ciudad en ruinas.
Ya Porlamar no es ni Puerto Libre, ni Zona Franca, ni nada que se pareczca a eso, es solo una Ciudad deshumanizada donde desde la Plaza Bolívar sentado en la silla de uno de los limpiadores de zapatos pude ver pasar el cortejo de un pueblo que llora la desisidia de sus hijos que no supieron convertirla en una Ciudad del futuro. A Porlamar le quedó solo el cansancio, los parquímetros de museo, los teléfonos monederos colgados, las fachadas en el suelo, sus puertas desvencijadas y las promesas electorales de convertir a la madre Ciudad en un emporió romano. Esas son las vainas de los gobernantes que cuando revisas sus planes y proyectos de gobierno te sorprendes con todo lo que prometieron y nada cumplieron, pues solo se acordaron de llenar sus bolsillos y solo eso.
Por ahora Porlamar sufre, muere de pie y solo en las tardes los buhoneros que regresan con sus cargamentos de miserias a cuestas en la ruta de guardar sus equipos de trabajo son la muestra de una Ciudad desangrada por sus enemigos silenciosos. Pero Porlamar y sus ciudadanos algún día despertarán para cobrarle a quienes le hicieron tanto daño al dejarla ultrajada y tirada como basura a la orilla de una playa de Los Cocos o el Cuarto. Valdría la pena revisar las obras de Porlamar y el trabajo de cada uno de sus gobernantes para saber a ciencia cierta que han hecho por esta Porlamar deshumanizada y mal oliente donde solo el tufo a limo le embriaga el alma a sus ciudadanos.
Pobre Porlamar descuidada y harapienta que con tanta historia y tantos notables en sus entrañas la dejaron morir a menguas. Esa es la historia de esta Ciudad Marinera que es ocuridad y hediondez, tinieblas y ruinas, pero que espera con amor a sus gobernantes para que sigan abusando de esa prostituta a la que dejan tirada en un albañal preñada de lujurias y pintarrajeda de colores escandalosos con el dedo levantado señalando hacia el horizonte a quienes tanto daño le hicieron, pues como dijo uno de esos limpiabotas de la Plaza Bolívar “Porlamar es una madre abandonada a su suerte sin que sus hijos velen por ella”.

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