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¡Magistrados, rompan barreras!

Enrique Prieto Silva


El buen decir del talento docente ubica la enseñanza en la cumbre del saber, algo así, como el decir o dixit del magister, que al colocarse en la cumbre recibe la advocación de magistrado, aún a sabiendas de que su tosca o encumbrada proeza, dejará un aura de sabiduría esperanzadora o de fracaso, para quien aspira a que una sabia voz lo encumbre en el logro de su deseado conocimiento. Este es el hálito der ser o del deber ser, sumido en la expectativa del sueño de la esperanza. ¡Así debe ser el colofón de un magistrado, no hay otro!
Dice la prosa del poeta, “En este mundo de rupturas y dolor, somos forjadores de la reconciliación, hay que romper barreras para nuestra conversión…”. Dos sabidurías que derivamos del verso, para forjar la reconciliación en este mundo de rupturas y de dolor, que demandan romper fronteras. Esas que sin dudas fueron creadas, no por designio divino, sino por la inapetencia de unos magistrados del TSJ, que entendiendo la sapiencia del decir pueblerino, prefirieron perfilar un “mamotreto” jurídico, amparado por la mentira disfrazada de legalidad, y amañada por una incultura constitucional interesada en crear la desidia política, que degeneró en la triste realidad, ¡un país en la ruina económica y moral, dirigida y gobernada por sátrapas militarizados y peleles con poder!
Sin dudas, se ha hecho rimbombante el nombre de magistrado para la mayoría de los integrantes del TSJ. Sin ofender su investidura, como se debe hacer a un padre de familia que ha perdido la brújula en su deber, tenemos que decirles que su azimut lo perdieron; creyeron imponer su sapiencia docta y deslumbrante, como se aprende en la universidad para hacer sentencias dignas y justas, pero al aferrarse al poder político, ignaro e imprudente, transformaron la justicia en ferocidad leguleya, la sentencia en castigo a la protesta contra la injuria, a la doctrina en perversión derivada, pero de mayor gravedad, que pervirtieron la virtuosidad jurisprudencial, transformándola en un defección inculta del no deber ser del derecho.
Si no se han percatado, la universidad duda en la norma que ustedes han reformado sin ser competentes, revisa sus sentencias como un burdo examen de un estudiante mediocre; y muchas veces, se pone a pensar en sus cuitas, que parecieran incultos repitientes que se entogaron con preseas adulteradas o mal puestas.
Lo peor, sus sentencias engañosas en la justicia militar, todas derivadas del desconocimiento de la materia: Dieron el ejercicio de la política a los militares activos, violando el artículo constitucional 330, quienes a más de pervertirse como prosaicos politiqueros, se apoderaron del gobierno y abusan de él a sus anchas, sin control ni ejecutivo ni judicial; permitieron el abuso de los jueces militares, quienes por ignorante capacidad jurídica, sin tener la potestad jurisdiccional, sentenciaron a ciudadanos por delitos inexistentes, donde muchos de ellos han cumplido sentencias amañadas, otros sin ser enjuiciados permanecen como presos políticos; también otros han muertos en una prisión injusta; han permitido que los mandos militares actúen sin restricción en la represión de manifestaciones, comandando como militares que violan el artículo 332 de la Constitución todos los cuerpos policiales, constitucionales o no, en contra de la prohibición constitucional.
Son muchos los presos, enjuiciados, sentenciados y privados de libertad por delitos como el de traición a la patria, ataque al centinela, rebelión militar; delitos que solo pueden ser cometidos en actos de guerra. Pero más grave aún, que hayan permitido hacer leyes y reformar otras, violando la constitución, sin que los magistrados se inmuten. ¡Que Dios y la patria los premien o que los demanden!, o al menos, que los saquen del poder.
¡Señores magistrados! Todos conocemos sus esperanzas, sus deseos y sus virtudes, sean justos y cambien su actitud antijurídica o den paso a otros abogados que juren cumplir y hacer cumplir la ley y no que la violen.
Podemos decir otras cosas más, pero no queremos entrar en “desacato”.
¡El magister dixit!
@Enriqueprietos

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