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Chelías por Manuel Antonio Narváez


Celebramos recientemente los 96 años de Chelías Villarroel. Su enjuta y añosa figura patriarcal, su voz a la que el viento, el sol y la sal de Juan Griego deshidrataron hasta hacerla seca, salada e imperecedera; forman parte esencial de la margariteñidad.

La identidad cultural, esa manera particular de sentir, entender y hacer en colectivo -eso que en nuestro caso llamamos margariteñidad- se construye y evoluciona a partir del patrimonio ancestral. Cultivando al Punto como uno de los géneros más representativos de la música margariteña, Chelías contribuyó como pocos a enriquecer ese legado.

La onda expansiva de los cambios demográficos ocasionados en su momento por el auge del Puerto Libre, y ahora por las crueles asperezas de este inicio del s. XXI; hacen necesario que en Nueva Esparta pongamos atención al tema de la identidad cultural. Muchos de quienes han llegado desde otras partes del mundo y desde Venezuela continental, todavía se encuentran “entre Coche y Cubagua”: ya no son de donde vinieron, pero tampoco se sienten plenamente de aquí. Esto genera situaciones incómodas y enojosos desencuentros.

Como reacción instintiva frente a lo que nos resulta extraño, levantamos muros culturales (solo lo mío es bueno, lo demás no sirve) para buscar refugio. Esa actitud temerosa y mezquina, pareciera intensificarse en los momentos actuales en que la ola globalizadora se encuentra en fase de resaca. Sin embargo, la cultura no debe ser el muro que nos separe; al contrario, debe ser el puente que nos reúna. En un plano de igualdad y de respeto, con espíritu amplio, generoso y curioso; debemos transitar hacia el encuentro con el otro atravesando los puentes que se construyen con los valores culturales de cada quien.

“Habla de tu aldea y serás universal”, recomendaba Tolstoi. Atendiendo a ese sabio consejo, hablo con orgullo de Chelías, de su creación artística, de su transparente autenticidad. Lo escucho cantando el Punto del Navegante y es la esencia pura del pescador guaiquerí; pero también identifico en su voz el nostálgico eco andaluz de quienes bajaron de carabelas y galeones trayendo vihuelas y laúdes con recuerdos de la Alhambra. Gracias, Chelías.

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