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Paradigma: De salud y peste

Manuel Avila

“Serían las 12:30 de un día cualquiera del año 1933 cuando hizo su aparición por los lados de la Calle El Puis un pelotón de policía armados con mauseres, escoltando a un grupo de cinco o seis leprosos . Entre ellos venía un tal Pedro Prisco con la cara ya descarnada y las manos sin dedos. Esto atemorizó a Vidal Jiménez que, al grito de !Virgen del Pilar de mi alma!, levantó al pueblo. Todos corrieron a la entrada de la Jefatura Civil evitando que los leprosos pudieran ingresar a ella”. Con esta crónica de Nicanor Navarro, Cronista de Margarita “Aquí mandan los robleros” se hace un paralelismo con la crisis de salud que vive el país en este 2020,
Sin dudas que los discursos del Presidente y de su principal vocera alertan sobre tantas mentiras juntas manejadas por los mismos que destruyeron el aparato de salud nacional, pues es caricaturesco el discurso de un gobierno que maniató el sistema de salud nacional. Se olvidaron que ya llevan más de 22 Ministros de Salud y que los hospitales no tienen ni alcohol, ni suturas, ni yeso. Esa es la triste realidad de un gobierno autista que pretende tomar el protagonismo con retórica discursiva, pero que sabe que la única foma de controlar el virus es a través de la cuarentena y la persuasión a los ciudadanos para que tomen las medidas mínimas en el control de la salud.
Por esas razones nos corresponde orar mucho y hacer caso de las recomendaciones sanitarias para evitar que el virus pueda propagarse de manera indiscriminada. Es una realidad que solo con el contacto entre personas se trasmite el virus y por tanto evitar el contagio es la salida única a un problema mundial que amenaza con dejar cadenas de muertos en todo el planeta. Ahí están los ejemplos de Italia y España que por desobedecer las recomendaciones al tomar los días si actividades laborales como fechas de vacaciones y celebraciones están pagando con miles de muertes por abusar de las recomendaciones de la OMS.
Debemos partir del principio que nuestro sistema de salud no sirve porque nada funciona y no contamos con materiales para atender a los pacientes, pues si en Australia no hay papel sanitario, ni tapa bocas y en USA el papel sanitario solo se consigue On Line está claro que la paranoia por los avances de la pandemia le ha doblado las piernas a los más poderosos del planeta. Con esa crisis mundial debe aprender el Gobierno Bolivariano que nunca se preocupó por el sistema hospitalario y dejó colapsar el sistema de salud en sus propias narices sin respertar el derecho a la salud que es un precepto constitucional que vendió Chávez como propuesta de salvación nacional.
Es una cosa de locos pretender mostrar al mundo y al mismo país la mentira de que contamos con un sólido aparato sanitario porque nadie cree en palabras disparatadas y en discursos alejados de la verdad nacional. Todos sabemos que a los pacientes nefrológicos del Hospital “Luís Ortega” no hay un médico que le inserte los cateters y que en ningún centro hospitalario hay termómetros y tensiómetros para tomar temperaturas y tensión. Esa es una realidad que se mueve en el plano nacional y nos muestra un estado famélico, sin moral y con la mentira como estandarte de su gestión.
Esa avanzada del virus por las calles del mundo deja como enseñanza a los gobernantes que deben dejar obras para preservar la raza humana y no solo basta con lanzar campañas simples que solo buscan posesionar modelos políticos obsoletos que solo sirven para justificar su paso por el mando. La radiografía de la quiebra de las políticas de salud nacional deja al desnudo a un gobierno que llegó a creer que con los médicos cubanos y la formación de prospectos de enfermeros en las universidades bolivarianas podrían convencer al mundo que en Venezuela se garantizaba el derecho a la salud en todo el país.
La oración y la cuarentena son las fórmulas para atravesar ese río de lava hirviente que se mueve con el Corona Virus como punta de lanza para dejar en el camino a las pertensiones de vida de miles de almas en todo el mundo. Esa es la realidad de una sociedad ataviada de mentiras por gobernantes irresponsables que solo usan la mentira como instrumento para mantener idiotizada a una sociedad atrapada en sus propias locuras de poder.
Es Venezuela una región vulnerable por su débil sistema de salud y corresponde a cada ciudadano asumir con responsabilidad el reto de mantenerse en sus casas para aferrarse a la vida. De otra manera el riesgo está en el contacto con gente en los sitios de concentración masiva y esa es la oportunidad que no debemos darle al virus para que reine entre los hombres. Llegó la hora de la madurez ciudadana, del frenazo a tiempo para no caer en la irresponsabilidad de ser foco de contaminación para el resto de los ciudadanos.
A los comerciantes le corresponde dejar las ambiciones guardadas para no abrir las puertas de sus establecimientos solo por caprichos de pretendientes de formar imperios de la nada. Por eso quienes no estén autorizados para abrir sus locales deben permanecer cerrados a cuenta de evitar aglomeraciones que terminen en la propagación masiva del virus. Si la enfermedad no consigue los trasmisores muere en el acto y en pocas horas desaparece, pero si los ciudadanos con sus virus a cuestas empiezan a regar las semillas del mal, no quedan dudas que tendremos vendedores ambulantes del virus por todas las calles del planeta.
En estos momentos hacen falta los voceros que alerten y sacudan los hombros del ciudadano para hacerlos volver al compromiso con la especie humana y evitar que esta pandemia mundial termine con una población que es tan vulnerable a virus de este calibre.
Así que a orar y a celebrar que estamos vivos y que Dios nos pone a prueba para ver de que tamaño es la responsabilidad de los hombres con sus congéneres en la preservación de la especie

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