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La Asunción en un silencio más

Signos de caurentena

Su acostumbrada vocación conventual, se ve forzada por una mascarilla de papel y una angustia sumida en temor de coronarse como una ciudad pandémica, emulando tristemente lugares remotos del mundo, donde la gente hasta se muere.
Por las mañanas, y por imperiosa necesidad, los asuntinos asumen el riesgo, y se les puede adivinar la prisa por la pronta resolución a su diligencia.
Una mano alzada a la distancia trasmite el afecto al prójimo que también anda en lo mismo y la misma ansiedad.
Después de medio día la soledad se va arrumando en cada calle. A las seis de la tarde el convite al recogimiento es unánime, se escuchan los portazos aniquilando todo rasgo de cotidianidad.
Cuando la noche hace mella es como si en una abadía el claustro se volviera un rezo que no se escucha sino que late en los labios callados.
Juan J Prieto L

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