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Paradigma: Cruje la humanidad

Manuel Avila

Cuando el mundo se estremece por los ataques del COVID-19 que viene dejando una mortandad espeluznante en todas partes del mundo la crisis de los países avanza como una gran culebra que pretende ahogar a los seres del planeta. Es una lucha de poderes, más bien una guerra de titanes que tienen las piezas sobre el tablero y las mueven después de razonarlas por largo rato. Esos son los peligros que acechan al mundo desde siempre porque las ambiciones de controlar el poder mundial se cuela por debajo de las puertas de las oficinas ministeriales del planeta y llega hasta el sillón presidencial. Pero ahí están los de siempre, escrutando un crucifijo, sobando un collar o manoseando un rosario. La lucha es arriba en el Olimpo donde se inclina la balanza hacia un lado o hacia el otro, y dónde se decide la suerte de este planeta tierra.
Lastimosamente no vale nada el ser humano, no le importa un pepino a los mega poderosos del planeta que un virus arrase con la raza humana porque solo viven del ego y el poder supremo. Somos simples conejillos de indias o ratas de laboratorio que formamos parte del inventario de experimentos que realizan para ir contra la humanidad. Es una lucha de ideologías que se mueven con guerras bacteriológicas, con virus producidos en laboratorios para atemorizar a la humanidad y cuyo fin es sembrar pestes que como el apocalipsis borre de la faz de la tierra miles de millones de almas. Ese tema no lo toca nadie porque la gente se niega a creer que la maldad del ser humano está en esas ambiciones de poder que terminarán en algún momento con la vida de los seres del planeta.
Saldrán las verdades en cualquier momento porque esa no fue una peste sacada de los postulados en sánscrito de la Bíblia, ni del Popol Vuh, ni del Ollantay, ni de la Peste de Albert Camus, ni de lo real maravillo de Cien Años de Soledad, ni mucho menos de cualquier obra fantasiosa del mundo literario. Ese Corona Virus o Covid-19 ha estado ahí por mucho tiempo en los laboratorios mutando y uniéndose a otros virus para formar esa pandemia mortal que viene dejando muerte y dolor entre las familias del mundo.
De la noche a la mañana los seres del orbe quedaron prisioneros de la pandemia mundial. Condenados a una cuarentena que se regó de boca en boca por los confines del mundo hasta dejar atados en sus casas a todos los habitantes del planeta tierra. Solo los animales andan libres en sus espacios naturales comiendo hierbas y extrañándose por la auisencia de los hombres en su habitat. Lo peor es que todavía no hay cura para el Covid-19 lo que ha enfrentado a los científicos del mundo a una ola de rumores que señalan que los americanos encontraron la fórmula de primero, y al rato sale por las redes que los chinos tienen hace rato la cura, luego aparecen los franceses, los iraníes, los egipcios y al final todo es una mentira grandiosa que solo busca dar esperanzas a miles de infectados por el corona virus que entraron en pánico hace rato y no encuentran como escapar a tan mortal enfermedad.
Lo peor es que cada país toma sus medidas en medio de la escasez, la quiebra de su aparato económico y la desnudez de sus debilidades en el sistema sanitario y hospitalario. Cada quien busca la manera de matar sus pulgas porque es una lucha sin cuartel por evitar que el virus llegue a su territorio. Estamos rodeados dicen los habitantes del mundo que ven con estupor como lo grandes eventos fueron suspendidos con las olimpiadas, las semifinales y finales de la NBA, los campeonatos de futbol, tenis, futbol americano, conciertos de artistas internacionales, elecciones presidenciales, de gobernadores y municipales. Los grandes actos de masas se fueron al recuerdo y miles de millones de dólares corrieron por los albañales hasta volverse solo detritus.
El mundo enteró quedó congelado, arrinconado en sus casas por miedo al virus que condenó a la tierra a una nada instrascendente que pulverizó el pensamiento de los hombres hasta dejarlos sin ideas para pensar en el porvenir. Quedamos congelados por instantes como si la tierra nos diera vueltas en redondo como dijo Galileo Galilei. Volvimos a la nada universal que sembramos en porrones chinos para descodificar los postulados bíblicos que permitan recuperar la ruta de los hombres del mundo.
Quedamos convertidos en los enanitos que amarraron a Gulliver a la orilla de la playa para que no pudiera usar sus fuerzas contra ellos. Y quién nos salva? Será que vendrá un milagro divino a poner fin a este peste para devolver al hombre de nuevo su mundo. Esas son las vainas que ha dejado en evidencia el Covid-19 y que muestra al hombre con todo su poder a expensas de las locuras del propio hombre, pues no salieron de la Bíblia las 7 plagas de Egipto, ni de los laboratorios los virus solo para asustar a la humanidad.
El hombre es el destructor del mismo hombre porque son enjambres de virus que ruedan por los laboratorios en manos de sádicos de la perversión que cuando decidan acabarán con la humanidad. A esos peligros estamos expuestos los que poblamos el planeta tierra porque sicopatas sin alma tienen las alas largas para usar su poder de laboratorio y desarrollar virus como este para mostrar al mundo cuan frágil es el ser humano. Y es que hoy después de estar prisioneros en nuestras casas por 40, 60 o más de seis meses, todavía no hemos realizado las auditorías que nos permitan ver de cerca una colisión de un meteorito contra el planeta para pulverizarnos de un solo golpe.
Qué incierta es la vida al dejarnos desnudos ante las cámaras de un canal de televisión y ante los flashes de los más importantes rotativos del planeta como si fuesemos una simpel masa muerta, un saco de papas que tiran los caleteros en el mercado o un cáteter en desuso porque ya cumplió su misión en un enfermo. Solo quedó del paso del ser humano por el planeta tierra que somos seres vulnerables ante la nada y que la cólera de los científicos puede más que cualquier decisión divina. Se cayeron las máscaras del juicio final y las sagradas escrituras encontraron su razón de ser para que los usuarios de su retórica discusiva le hablen con más razón a sus legionarios para mostrarles la levedad del ser.
Es que no somos nada, sino un punto solitario de una estrella del mundo que colgada en el cosmos, no es sino un simple destello de luz. Eso es lo que se está probando en el momento que los hombres más poderosos del mundo están fumando hábanos y comiendo caviar en una oficina de 4 x 4 porque ni con máscaras anti gases pueden evitar que el virus llegue hasta su fragilidad de ser humano. Nos jodimos al quedar ante el mundo como parte de lo etéreo, de lo frágil, de lo perecedero y quedamos convertidos en una simple gota de agua que al caer en la tierra desaparece por arte de magia. En este momento cobra vida la teoría de la vida y la muerte que nos persigue como un fantasma por todas partes y hace pensar que todavía no hemos entendido que el ser es demasiado simple, una luciérnaga que solo tiene salvación en la literatura de las sagradas escrituras.
Llegó la peste un día para condenarnos a la nada y hacernos esfuezos sobre humanos por volver a respirar ante las máquinas que se convierten en las salvadoras de la humanidad en momentos cuando el virus maléfico nos roba el oxígeno. Por esos caminos andamos elucubrando ideas que nos permitan comprender el confinamiento a que nos somte una guerra bacteriológica que se llevó por delante a sus propios creadores con un Frankestein de laboratorio que lanzó sus desntelladas contra el ser humano que lo creó.
Seguimos recorriendo los recovecos de la humanidad en la búsqueda de una cura para un virus que mutó y se escapó del laboratorio con el permiso de sus mismos fabricantes. Esa es la realidad de una sociedad que no aguanta los embates de la ciencia y que mantiene a los grandes poderes del mundo sin descubrir la cura al cáncer, al sida y a las enfermedades que pulverizan la patanería de los dueños de las economías y del poder. Llegará el momento que se entierren los sueños del hombre de vivir sembrando ilusiones y soñando con otras vidas o en la reencarnación del ser. Por ahora volvimos a entender que no somos, sino polvo cósmico volando por los confines del mundo como una prueba de la fragilidad humana. Con esos resultados que aun mantienen el Covid-19 con vida solo nos queda escrutar en las sagradas escrituras sobre el bien y el mal, sobre la vida y la muerte, pero sobre todo de la levedad del ser, pues como dijo Stanislaw Jerzi “La ignorancia humana no permanece detrás de la ciencia, crecetan rápido como esta”.

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