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Las cifras de Alfredito

Por Manuel Antonio Narváez
Aunque no es ninguna sorpresa, llama la atención la poca o nula credibilidad con que los neoespartanos reciben los datos oficiales sobre la evolución de la Covid-19. A pesar de que los hechos no dejan margen para suponer una realidad distinta, esas cifras se desestiman olímpica y sistemáticamente para asumir como ciertas las que en generosas dosis especulativas se transmiten de boca a oreja y las que circulan a raudales en las redes sociales. Independientemente del estrato socioeconómico, la edad o el nivel de educación, se asume como verdad absoluta que las autoridades ocultan la realidad y que por lo tanto las cifras que presentan son falsas.

Quienes hayan leído este primer párrafo, seguro tienen como reacción instintiva atrincherarse en sus trece e insistir en que las cifras oficiales están manipuladas y no dicen la verdad; pero, aunque sé que es difícil, les invito a considerar desapasionadamente los hechos siguientes.

En primer lugar, la imposibilidad de ocultar los cadáveres. En Italia vimos las caravanas de carrozas fúnebres; en Guayaquil, cadáveres en las calles y urnas de cartón; en Nueva York, fosas comunes y camiones refrigerados para aliviar las morgues. Aquí no se ha alterado la triste rutina en los cementerios.

En segundo término cuando el virus golpea con fuerza, las instalaciones sanitarias colapsan. Eso está ocurriendo en Nueva York, y ocurrió en Europa en donde se escucharon historias de médicos obligados a decidir a quién atendían y a quién dejaban morir. Aquí continúa el desastre habitual en los hospitales y ambulatorios.

Tercero, en una Isla con una población relativamente pequeña, en la que tenemos relaciones familiares y de amistad en todas partes, sería imposible ocultar una situación de contagios masivos.

Finalmente, los datos registrados por los servicios epidemiológicos y sanitaristas de Nueva Esparta, son presentados por el Gobernador Alfredo Díaz; quien no tiene ningún interés en falsear la información. Tampoco tiene intenciones, ni remotas posibilidades, de entrar en contubernios con el gobierno de Maduro.

Aunque nos cueste creerlo, aunque vaya en contra de nuestras creencias e ideas preconcebidas, la información que da a conocer el Gobernador sobre la progresión del virus (SARS-CoV-19) en Nueva Esparta, son confiables. Es probable, puesto que no se están aplicando pruebas para el despistaje masivo, que exista un subregistro de los casos asintomáticos; pero aun en la más pesimista de las estimaciones (cuatro asintomáticos de cada cinco contagiados) la situación está lejos de ser crítica.

Así pues, la cuarentena y las medidas preventivas han logrado “aplanar la curva de contagios”. Esa es la buena noticia. La mala es que no tenemos capacidad para mantenernos económicamente inactivos por mucho tiempo. El bolivarianato quebró al país, mató a la gallina de los huevos de oro y ya no está en capacidad de subsidiar a quienes, sin ahorros, viven saliendo a “buscar el diario”. Los bonos solo sirven para multiplicar los precios de los alimentos y de aquello que antes no podía nombrarse. El comisario político que usurpa y se arroga arbitrariamente funciones que no le corresponden, ya anunció que la bolsa clap, cada vez más escuálida, se entregará cada tres meses y no cada dos, como se viene haciendo.

Pronto confrontaremos la disyuntiva entre morirnos sanos o flexibilizar la cuarentena para oxigenar a la economía; aunque, sin gasolina ni capacidad de financiamiento, esta segunda opción también luce como un sacrificio inútil.

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