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Mardeletras: El padre Agustín y la procesión del silencio

Sor Elena Salazar


La feligresía asuntina siempre ha de recordar las sentencias, bendiciones y anécdotas de Fray Agustín María Costa Serra, quien fuera sacerdote por más de cuatro décadas en la Catedral de Nuestra Señora de La Asunción. El padre Agustín, como así lo conocimos incorporó en la Semana Santa Asuntina, la llamada procesión del silencio, procesión que se celebra el Sábado de Gloria a las 4:30 de la madrugada, protagonizada por la Virgen de Las Angustias, cuya réplica corresponde a la imagen de La Piedad del Vaticano de Miguel Ángel, conocido artista del renacimiento italiano. La escultura representa a un Jesús fallecido, cuyo cuerpo descansa en los brazos de su desolada madre, la efigie no puede ser más dramática y conmovedora, basta con mirar el inmaculado y entristecido rostro de María, para detectar su dolor. Lo que nunca se imaginó el padre Agustín es que este símbolo de humanidad y compasión que él introdujo en nuestra Semana Santa, entre otras intenciones católicas – para resaltar la figura de Jesús muerto- hoy pudiera tener otra interpretación semántica para quienes de alguna manera siguieron sus sermones. Detrás de esa imagen de la Piedad se esconde la procesión del silencio. Tristemente una parte de la humanidad, está cargando su procesión del silencio, de oraciones, el más ateo invoca una plegaria de piedad. Ya son más de treinta días de cuarentena, de mutis y de expectativa. Estamos en una inmensa sala de espera, no precisamente esperando un parto, esperando un nacimiento; estamos esperando que las personas cumplan con las normas de prevención; que el paisano no se aproveche de su amigo, que realmente nos apoyemos, que sigamos orando para que la pandemia se ahogue en nuestros mares, que comprendamos que somos vulnerables y que la gripe de ayer no es la gripe de hoy. El mundo y muy especial este pueblo espera por la presencia de una vacuna contra el Coronavirus, por la exterminación del Covid19.
Si el padre Agustín existiera, ya hubiera alzado su voz imperativa: “vamos hombre, todo el mundo para sus casas, que por ahí viene el virus”; desde la Casa Parroquial, identificada con sus sus letras latinas: Spes omnium Carmelitarum Salve, que significa: esperanza, todos somos Carmelitas, ubicada frente a la sepultada bodega de Jesús Piñano. Seguramente los asuntinos permanecerían en un absoluto confinamiento, sólo saldrían cuando les quedase en la cocina el último pan. Por favor, quédate en casa.

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