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Frank y Diamantino. Por: José Angel Borrego

Frank Castro era un periodista que dedicó su vida profesional al campo de las relaciones institucionales, en particular para la industria petrolera. Fue un excelente comunicador dadas sus cualidades de gente en el más amplio de los horizontes. Nativo de Caracas, al venirse a Puerto La Cruz quemó las naves para no irse jamás de esta zona a la cual amó comprometidamente.

Diamantino Goncalves fue un empresario del ramo hotelero, A&B y sus áreas relacionadas. Procedente de Anaco se estableció en Puerto La Cruz donde elevó la clase en materia de restaurantes y afines y jamás se habría marchado de no ser por el acoso lunático de que fueron objeto él y sus empresas. Se fue a Margarita aunque con miras más lejanas y siempre mantuvo diversas actividades por su apego al trabajo productivo.

Ambos (Frank y Diamantino) lamentablemente nos dijeron adiós. Primero Diamantino hace 8 días y ayer Frank. Dejaron tras sí un apretujado legado de remembranzas que son parte de la historia de esta ciudad (PLC) y de quienes tuvimos el honor de ser sus amigos fraternos.

Frank siempre fue un hombre de paz, de sonrisa amistosa, del cafecito mientras leía medios impresos, porque como nosotros supo que esa es la Gran Prensa pese al avasallamiento de la modernidad tecnológica. “Nada como oler la tinta y sentir la caricia del papel periódico”, comentaba Frank, aunque utilizó la herramienta computarizada con holgura.

Diamantino era un hacedor de empresas. Un hombre de enorme creatividad y olfato en esos menesteres. Socializador constante y leal para con sus relacionados. Siempre de buen humor, elegantemente trajeado y lleno de cordialidad.  En la última ocasión en que conversamos reveló que de normalizarse la situación del país volvería con su “Brasero Grill” a Lechería. Este fue el mejor restaurante de carnes que ha tenido la zona.

Y Frank, aun a sus 70 y dele, soñaba también con una Venezuela donde pudieran renacer empresas que necesitaran de hacer más humana su relación con la gente mediante su participación en ese rol que con tanta sabiduría siempre desempeñó. Aunque sabía absorberlo con disimulo, le  molestaba la chabacanería usual en quienes ahora manejan los hilos gubernamentales y la absoluta ausencia de humanización de sus conductores.

Nuestro abrazo solidario a sus hijos, familiares y demás amigos de ambos personajes. 

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