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Conflictos y Guerras Del Siglo XX. Por: Enrique Prieto Silva

“Toda guerra conlleva siempre lágrimas, sufrimientos, muerte, pérdidas, sangre y heridas. La guerra es implacable con todos, con los ancianos y los jóvenes, con los cobardes y con los valientes. No todos han salido con vida en medio de la metralla, de las explosiones de bombas, minas, proyectiles y sepultado por los escombros de los edificios

Bernard Brodle, arquitecto estadounidense conocido como “el estadounidense Clausewitz” por establecer los fundamentos de la estrategia nuclear,  declaró en 1946 que las fuerzas armadas ya no tienen una razón de existencia racional que no sea disuadir la guerra, no obstante, casi la generalidad de los países tienen fuerzas armadas, que en sentido racional se entiende que se preparan para hacer o enfrentar la guerra en la denominada defensa nacional.

 Es este el enfoque y orientación de nuestro reciente libro “Conflictos y Guerras del Siglo XX”, que denominamos (Tomo III), que complementa los contenidos de los anteriores: “Educación para la Paz” y “Nomenclatura de Guerra” del gran contenido de “La Guerra por la Paz”, que como indicáramos antes, pareciera una contradicción querer lograr la paz haciendo la guerra; dicho sea el fenómeno venezolano, donde algunos piensan que para cambiar de régimen político es necesaria una intervención militar, obviando el decir mismo de Clausewitz, y con ello obviando también que, todo conflicto bélico es una caja de Pandora, donde se pueden encontrar muchas sorpresas, y en todo caso, con victoria o con derrota todos pierden.

Como decimos en el corolario y en el epilogo de nuestro libro, “se logrará la paz después de la guerra, pero quedarán las grietas y las heridas a que conducen todos los conflictos bélicos. No hay dudas, solo quedará el sabor de justificar la guerra por la paz pero lo único válido y verdadero es que hay que evitarla”.

Relacionado con la política actual, venimos manifestando el equívoco de querer usar la fuerza de las armas en la solución definitiva del conflicto político venezolano, que se ha dado en llamar “cese de la usurpación”, en la consideración política que busca la instalación de un nuevo régimen de gobierno ejecutivo y unas elecciones libres; lo que se ha visto atacado con la llamada guerra del teclado y las malas acciones de algunos líderes de la Oposición, que no han querido entender que nuestro sistema, como en todo sistema democrático, la única solución política es la electoral, y que, si el proceso es bien vigilado por los partidos de oposición, sin desmayo hasta el final, es imposible que se haga fraude no demostrable en una controversia jurídica de defensa.

Es indudable, que con el advenimiento del ignaro Chávez, se impuso en Venezuela una teoría de guerra, que hizo creer a la gran mayoría de los venezolanos, que se instauraba una “revolución armada”, todo lo contrario de la teoría de la paz que pregona el desarme de la guerra, donde se justifica la organización de fuerzas armadas para la defensa, que en Venezuela, conforme al artículo 328 de la Constitución es solo para la defensa militar.

Así debemos entenderlo, ya que pese a la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales, conforme lo establece el artículo 2.4 de la Carta de la Naciones Unidas, la sociedad internacional parece compelida irremediablemente a padecer constantemente las convulsiones de la guerra y a conocer nuevas víctimas. Esta normativa de la ONU, desmonta la posibilidad del uso de la fuerza en conflictos bélicos y, obviamente, la posibilidad de usarla en conflictos políticos.

Concluimos con una expresión del libro en referencia, que nos hace un alerta en la propuesta de algunos políticos venezolanos: “A pesar de la expresión de Clausewitz de que la guerra es la continuación de la política por otros medios, como se han desenvuelto los acontecimientos en un mundo globalizado y la acción de los entes internacionales y regionales, la política tiene otras connotaciones y otros desempeños; situación que ha dado al traste con los puntos de vista inspirados en el pensamiento de Clausewitz, más allá de los descalabros que le causó la Revolución Francesa”.

Enrique Prieto Silva

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