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Cumbre hoy en Bruselas

Los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 se fajarán por el tamaño del Presupuesto Europeo y el Fondo de Recuperación, la condicionalidad, las reformas o la Política Agrícola Común y la Cohesión.

Normalmente, los Consejos Europeos (EUCO), la reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de los 27, tienen tres elementos en común: la agenda está cargada de temas, los horarios están más o menos cerrados (nunca se sabe si se quedarán toda la noche, en vela, pero sí que terminarán al día siguiente al mediodía) y todas las delegaciones, instituciones europeas y diplomáticos ofrecen la mejor cara, se muestran desbordantemente optimistas y aseguran que habrá un acuerdo y que será bueno. Por desgracia, el EUCO que empieza hoy viernes a las 10.00 de la mañana no tiene nada que ver con los de siempre: sólo hay un tema en la agenda, nadie tiene la menor idea de cuántos días puede durar y, sobre todo, el mensaje que sale de norte a sur y de este a oeste es de cauto pesimismo, por ser generosos. “No estamos todavía ahí. El acuerdo no está garantizado, al contrario. Quedan diferencias importantes y hay muchos puentes que levantar”, señaló ayer una alta fuente europea metida de lleno en los detalles del encuentro.

En el pasado, al menos en las tres últimas ocasiones, los líderes europeos tuvieron que encerrarse hasta tres días para poder cerrar la negociación del Marco Financiero Plurianual, el Presupuesto de la UE, cuya próxima duración va hasta 2027. En febrero, antes del virus, lo intentaron, pero tras dos días muy intensos, se rindieron a la evidencia. Ahora, a la segunda, va a ser infinitamente más complicado, porque al Presupuesto, de más de un billón de euros, se suma un Fondo de Recuperación (NextGeneration EU) de hasta 750.000 millones de euros, el Brexit, la transición a una economía verde o los problemas de Hungría y Polonia con el cumplimiento del Estado de Derecho. Un combinado no letal, pero casi.

La semana pasada, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, puso sobre la mesa lo que se conoce como NegoBox, una oferta de negociación con cifras concretas tras escuchar las quejas y peticiones de las 27 capitales. La parte positiva es que nadie ha hecho una enmienda a la totalidad y la negativa, que todo el mundo está algo o muy descontento. Los pesimistas dicen que con tantos platos en el menú el entendimiento es una quimera, pero los optimistas destacan que, precisamente, al haber tantos bloques, el regateo es más sencillo, o por lo menos permite mucho juego.

La única certeza es que para que haya acuerdo (y tiene que haberlo, ahora, la semana que viene, en septiembre o más adelante) todos van a tener que ceder. Todas las tesis son irreconciliables, porque unos quieren un tamaño grande y otro pequeño; unos piden condicionalidad estricta y otros que no haya. Los contribuyentes netos quieren cheques compensatorios, y el resto se oponen firmemente. Nadie, absolutamente nadie, saldrá con todo lo que pide, y por tanto el objetivo es lo contrario: que incluso los que puedan salir más perjudicados acepten tragar unos cuantos sapos.

Empezarán el viernes por la mañana, a las 10.00 y el objetivo de Charles Michel es que pasen el día negociando, pero que a una hora prudente de la noche los líderes se retiren a sus hoteles y que sus sherpas y embajadores se queden toda la madrugada en pie si es necesario, para poder seguir por la mañana. Si hubiera esperanza, se recorriera camino suficiente, podría haber un acuerdo el sábado o incluso el domingo. Si no fuera suficiente (y es lo que la mayoría piensa ahora), pero con algo más de trabajo se pudiera apañar (eso mismo ocurrió en julio de 2019) quizá se podría suspender el Consejo Europeo durante 24 o 48 horas para reflexiones y encuentros bilaterales. O, quizás, parar hasta una semana para dar tiempo a cálculos y consultas. En el peor de los escenarios, se podrían rendir y volver en agosto o tras la pausa de vacaciones.

Con información de El Mundo

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