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Soplando vida y aliento. Abg. Gilmer Acevedo

La humanidad se halla en un punto de inflexión, un evento inesperado, pero tangible que nos amenaza a todos desde el mes de marzo de este 2020; un brote de virus proveniente de la provincia de Wuhan-China, que primero aperturó como endemia, luego paso a epidemia, ahora convertida en pandemia global; la archiconocida virosis del COVID-19.

En términos financieros, la economía mundial sufre estremecedores rigores, debido a que el petróleo como agente movilizador de la humanidad desde hace 100 años, ha cesado en su rentabilidad y dinámica, producto de la pandemia COVID-19.

Venezuela se inicia el 14 de Julio de 1914 (en Mene Grande, estado Zulia), como país petrolero, desarrollándose una dependencia de ingresos fiscales producto de la renta petrolera y único bien de exportación del país, también es miembro fundador de la OPEP desde 1960 como productor de hidrocarburos; ha reducido drásticamente la actividad desde el año 2.000. Hoy transcurridos 20 años, los precios del crudo sufren un desplome imprevisto, por efectos de almacenamiento y sobresaturación de dicho crudo generado por la inmovilidad del aparato productivo mundial, y por ende la caída de los precios del mismo.

Venezuela encara esta macabra treta histórica del destino, “sin pañuelo y sin paraguas frente a un seguro resfriado”. El aparato productivo nacional viene en caída libre en los últimos 19 años, PDVSA hoy luce destruida y desmembrada (de 3.600.000 b/d de petróleo en 1999 pasamos a 650.000 b/d, total incapacidad de proveer de combustible al parque automotor interno y de gas doméstico a la población), desde el mismo Estado se propició una voraz y desenfrenada importación de alimentos “estrangulando” al productor agrario nacional, enfrentando hoy el país una verdadera emergencia agropecuaria.

“El ciclo invierno” llega con el inicio de las lluvias, que comprende desde abril hasta octubre, meses donde se activan: asperjadoras, guadañas, sembradoras, motosierras y tractores en actividades corrientes, los campesinos salen a sembrar y poner en práctica sus saberes agrícolas y pecuarios; se explotan los cereales más prominentes: arroz, sorgo y maíz, así como leguminosas: soya y frijol, entre otros.

Resulta sumamente preocupante, las estimaciones de La Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines (SVIAA), cuyo pronóstico establece que el Índice Normalizado Diferencial de la Vegetación (NDVI, por sus siglas en inglés) disminuyó 68% en relación al año 2019 y 63% con respecto al 2018, lo que “permite predecir” que éste ciclo será al menos 60% menor desde el punto de vista del resultado productivo, lo que impactará el 20% de la oferta de cereales y leguminosas para el último trimestre de este año.

El Estado debe tomar de manera inmediata las previsiones necesarias para importar los déficits de los cereales y leguminosas, básicamente de maíz blanco: esencial para la harina de maíz precocida, y lidiar con el escaso stock en el mercado internacional debido a las pocas disponibilidades oferentes, para poder garantizar la disponibilidad necesaria de alimentos todos los       venezolanos.

Sin lugar a dudas esto agravará la situación de emergencia agropecuaria y por ende humanitaria cada vez más aguda, debido a que, de la oferta de alimentos, el 25% es producción nacional, generando la necesidad de instar a los organismos internacionales apoyar El Plan de Respuesta Humanitaria 2020 y el ingreso del Programa Mundial de Alimentos, ante un seguro déficit alimenticio.

El país agrícola, está totalmente destruido, ante ese panorama, necesitamos hacer las siguientes reflexiones: ¿Qué hacer en una encrucijada como esta? ¿Qué futuro tendremos post virus covid-19?

Sin lugar a dudas que unirnos como una gran familia, apostar al país y a sus líderes emergentes, escoger los mejores emprendedores que reagrupen masas, entusiastas y proponentes de soluciones ante las terribles y colaterales crisis que se nos avecinan, es decir, a grandes problemas, grandes soluciones, grandes líderes, que estén dispuestos a reconstruir el país e implementar acertadas estrategias político-publicas, donde; a) Se privilegie y respete el voto, como “apalancador de cambios”; b) Se auspicie la separación de poderes y reducción del centralismo oficial; c) Se respete la libertad de expresión; d) Tengamos una FAN apegadas a la Constitución, e) Se respete la propiedad privada y; f) Se beneficie el arraigo del campesino al medio rural, es decir, se estimule lo hecho en Venezuela, el “sello venezolano”.

La crisis actual, puede convertirse en una gran oportunidad de producir más alimentos de inigualable calidad, y producidos bajo estricto apego nacionalista, hoy más que nunca la patria nos reclama como profesionales del campo, siendo justo y necesario recordar aquel pasaje Bíblico en el cual el profeta Ezequiel es llevado al Valle de los huesos secos, en donde Dios sopla vida y aliento, donde hay muerte y necesidad (Ezequiel 37).

Es necesario mantener una férrea posición sobre la propiedad, la libertad y el derecho a ejercer la actividad agroproductiva. Es tiempo de replantearse, de rectificación y diálogo para derrotar la crisis, la inflación y la escasez, de convertir la dificultad en Fe, en retos, trabajo y unidad. La Venezuela que nos vio nacer nos demanda ser creativos, proactivos y propositivos, esa es la estrategia de Unidad Visión Venezuela, con nuestro máximo líder diputado Omar Ávila a la cabeza.

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