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Sin carne, sin pollo. Williams Caballero López

Día a día se suman más y más hogares que abandonan el consumo de carnes de res y pollo, y no como una medida de salud o una decisión vegana, sino como consecuencia de la crisis económica y de los efectos económicos de la pandemia.

De acuerdo con un trabajo de campo que realizamos, guardando las normas de seguridad sanitaria y respetando los instrumentos y métodos científicos, logramos detectar que por lo menos 70% de los consultados en Anzoátegui han eliminado o por lo menos reducido su consumo de carnes.

La gran mayoría de los anzoatiguenses están sobreviviendo con una dieta a base de arroz, pastas y harinas, y las únicas proteínas relativamente comunes y constantes son las sardinas, los huevos y los granos, puntualmente las lentejas.

Esta realidad coloca a la sociedad anzoatiguenses es un estado de vulnerabilidad ante el coronavirus. Una población mal alimentada posee unas defensas bajas y por ende está en aún más peligro, no solo de contagiarse sino de fallecer.

Debe existir una política de Estado que garantice el acceso a la alimentación durante la cuarentena, debido a que muchos trabajadores están cesantes, otros apenas sobreviven con sus menguados recursos, muchos que obtenían divisas por sus trabajos particulares han reducido su ingreso y aquellos que recibían remesas han dejado de percibir esta ayuda de sus familiares en el exterior.

Además, es lógico que esta situación ocurriese debido a que el precio de un kilo de carne es igual a un mes de trabajo para una persona que reciba sueldo mínimo por sus labores; es razonable que esto se materialice debido a que tenemos una dolarización de hecho en los precios y una devaluación terrible en los salarios en unos bolívares carentes de valor real en la calle.

Y, permítanme referirme al tema de las Cajas Clap. En Miraflores piensan que enviar una caja o bolsas con puras harinas, aceite y lentejas resuelven el problema, sin embargo lo que hacen es burlarse del hambre de una sociedad que se encuentra en cuarentena y con las neveras vacías.

Es sorprendente y, tal vez, irónico ver que un gobierno que se autodefine como de Derechas como el de Sebastián Piñera esté repartiendo en Chile unas cajas de alimentación que traen el triple de los productos del Clap y con mucha más variedad y calidad en sus artículos, mientras que aquí los socialistas solo le envían productos de baja calidad y siempre con lo mismo.

El país enfrente una crisis de desnutrición atroz; el venezolano está pegado contra de la pared y con el estómago en el espinazo y esto puede ser la génesis de una reacción social de importante nivel, ya que el malestar social aumenta en medio de un país sin comida, sin dinero, sin gas doméstico, sin gasolina y con pésimos servicios públicos, ¿hasta cuándo aguantará el venezolano? Esta es una pregunta que cada quién se hace en su íntima meditación.

Y mientras tanto, a la hora del almuerzo, el 70% de los venezolanos siguen comiendo arroz blanco o pasta guisada y de las carnes no queda ni el recuerdo.

Williams Caballero López

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