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Paradigma: Regreso al carril

Manuel Avila

Una noche empecé a soñar que teníamos una patria libre de nuevo y que las universidades volvían a ser libres con estudiantes de todos los colores correteando por sus jardines y donde renacían de nuevo los convenios internacionales que le devolvían los conocimientos a nuestro país. Y se volvió de nuevo a la producción petrolera que hizo ricos a los gobernantes para que impulsaran propuestas de desarrollo que estuvieran en sintonía con el crecimiento cuántico de la nación. Devolvimos el pasado por efectos de la máquina del tiempo para que el gobierno de turno tomara medidas ejemplarizantes que le devolviera la fortaleza al bolívar y dejará de lado el dólar como moneda nacional. Pero lo más importante acabar con la miserabilización de los sueldos de la administración pública para que los venezolanos volvieran a expresar un sonrisa de nuevo.

Mi sueño es que en algún momento volvamos a tener un país libre y democrático como en otros tiempos. Ese es el verdadero sueño de los venezolanos que crecimos en democracia y aprendimos a elegir gobiernos que terminaran cambiando la realidad nacional. Por eso el voto popular se convirtió en el instrumento motivador para que los ciudadanos le cambiaran la cara al país.

 De aquella Venezuela tropical que durante 40 años anduvo en la ruta del progreso y el desarrollo no quedó nada y solo hombres caminando a tientas por los caminos de la transformación nacional se miraban las caras, pues haber construido las grandes refinerías petroleras, la grandes centrales hidroeléctricas, las universidades, los hospitales, los grandes desarrollos, las autopistas y carreteras del país es suficiente para medir el crecimiento de la patria. De esa forma Venezuela fue tejiendo su futuro en base a propuestas interesantes que le dieron al país la fortaleza de un sistema democrático sólido y quizás el más consistente del Continente y una moneda como el bolívar que se convirtió por años en una moneda sólida que resonaba con la fuerza del trueno en el mundo y le daba fortalezas de gran nación a la Venezuela petrolera ante el mundo.

Así caminó Venezuela por muchos años con rumbo claro por los caminos del desarrollo y sin lugar a dudas la proyección del país llevaba un ritmo importante para consolidarse como una nación potencia que era capaz de aparecer ante el mundo como una referencia importante. En esos tiempos las universidades formaron los profesionales calificados para emprender el rumbo de país y brotaron de la Venezuela petrolera miles de hombres y mujeres que llevaron ante el mundo la bandera tricolor con el orgullo patrio que hizo retumbar nuestros colores en el contexto nacional e internacional.

Con ese país de nuestro orgullo estábamos creciendo aceleradamente cobijados en la democracia libre y en el voto popular como instrumento de cambios. Pero en ese vaivén político de luchas internas entre adecos y copeyanos que se alternaron en el poder por años y aunque las corruptelas le carcomieron el alma al país, no hay dudas que el pueblo venezolano avanzó a pasos de corredor olímpico hacia la meta de su consolidación como país. Y se cumplió lo que dijo el poeta chileno Pablo Neruda que los pueblos latinoamericanos estaban condenados a buscar por siempre los cambios políticos que le perturbaran en su desarrollo. Así ocurrió  que luego de superar los gobiernos militares y las dictaduras terminaron en la playa de la democracia libre que fue la época de mayor progreso nacional. De esa forma se le vino al país su mayor tragedia cuando los venezolanos buscando la locura que anunció Neruda encontró en la revolución chavista el error de la historia que nunca había debido tomar. Por eso el pueblo venezolano  cayó en las redes del discurso bélico y vengador que manejó Hugo Chávez para captar la pasión de la gente que por su figura mesiánica y por su proyecto político, quedó onbnubilado. Eso llevó a los venezolanos a votar masivamente por el candidato de la revolución y a soñar con un país donde el pueblo sería el gran protagonista de los nuevos tiempos.

Así se vino la revolución a gobernar este país durante los últimos 22 años y con esa forma de gobernar se le vino a Venezuela una ola de populismo que se trajó en sus alforjas proyecto cívico-militar.  Quebraron el país al usar los dólares petroleros para comprar conciencias en los países del Caribe y de otras naciones. Eso hicieron para controlar los votos en el Caricom, en la ONU, en la OEA y en todos los organismos internacionales. Hicieron alianzas con China, Rusia, Irán y Cuba para desarrollar estrategias políticas y convenios internacionales que permitieran tener ventajas en el campo internacional.

Así se fue destruyendo el país en sus finanzas y no se supo aprovechar las entradas millonarias en dólares producto del ingreso petrolero. Y ni hablar de las corruptelas que vinieron a convertirse en el elemento más destacado de la revolución bolivariana y que dejó bien lejos los saraos de los blancos y los verdes.

Pretender que nos devuelvan el país los saquedores que llegaron a romper las alambradas de los ministerios y que reventaron los diques de la política nacional al dejar en el camino propuestas obsoletas que nada le aportaron al desarrollo de la nación es solo un sueño. Más nunca se respetó el estado de derecho y las violaciones constitucionales estuvieron a la orden del día con la judicialización  de las leyes y la quiebra de una nación que se quedó sin sus principales instituciones.

Es por eso que reclamamos nuestro país con sus aires democrático, con su bolívar fuerte, con hospitales funcionales y con unos servicios públicos de primera línea que le garanticen calidad de vida a los ciudadanos Esa realidad se nos viene como una sombra y se mece sobre nosotros  para dejarnos en un clima de desesperanza que mantiene en jaque a nuestra sociedad.

El sustantivo pueblo quedó calcinado en medio de las canciones de Alí Primera que más nunca fueron usadas  porque empezaron a reflejar los errores cometidos por los nuevos conquistadores rojos. En esa tarea de ir y venir tropezamos con el fracaso que venía de rodillas arrastrando como un río crecido todo lo que se atravesara en el camino.

De todas formas el país se fue deteriorando progresivamente y más nunca encontramos el rumbo perdido, pues la vorágine tejida a propósito para terminar maniatando a una nación que se convirtió en un tubo roto que se reventaba cada día por distintas partes.

Solo nos queda orar por los ciudadanos de una patria herida de muerte por los astazos de una revolución que nunca fue y que solo dejó huellas superficiales de proyectos sociales que en nada contribuyeron a la transformación del país. Así de a poquito se nos fue transformando el país y se nos fue de las manos hasta convertirse en tierra de nadie.

Con esa frase “Devuélvanme mi país” se simboliza el reclamo de los hombres de mi generación y de los jóvenes de la patria que solo gritan que quieren una nueva forma de hacer política. Con ese planteamiento sale un rezo supremo por la recuperación de Venezuela y esas oraciones se oyen más allá de los mares donde burbujean cantos de cuna, melodías desencadenadas y alteraciones de una sociedad que hace aguas en medio de la crisis descomunal de la nación que tuvo la democracia más sólida del Continente y un bolívar fuerte que nunca necesitó de poses y carantoñas para poder sacar a Venezuela del pozo. 

Más nunca los Notables asomaron sus testas para gritar consignas contra el régimen y ni el chasquido del viento se escuchó como símbolo de la pérdida de oxígeno de una nación entregada a los caprichos de los dictadores del mundo.   A final de cuentas pedimos el regreso de la patria que soñamos y con el voto queremos probarle a los venezolanos que en unas elecciones libres y bien estructuradas no hay posibilidad alguna de triunfo de los que convirtieron a Venezuela en el patio trasero de la crisis.

Ese momento histórico de volver a la bonanza que nos robaron los malos gerentes públicos es una película que bulle en el alma nacional porque fue muy rápido que los venezolanos entramos en la carretera de tierra que nos hizo comer polvo del camino. Y que más nunca tengamos un gobierno cívico-militar que fue el producto de una fantasía revolucionaria que terminó siendo la peor pesadilla de nuestra historia.    

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