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Paradigma: El momento de la oración

Manuel Avila

Con la oración se consuelan los pueblos y buscan estar más cercas de Dios, pues por momentos llegamos a creer que estamos atravesando estos capítulos oscuros de la vida por habernos alejado de Dios y haber tomado la ruta de la exaltación de los seres humanos hasta llegar a convertirlos en fetiches de la mentira. Y créanme que eso ocurrió desde el momento que empezamos los venezolanos a buscar una salida a la crisis en figuras mesiánicas a quien consideraron como los salvadores del país. Ahí fue donde la historia dio un salto y caímos por años en una locura colectiva que solo ha dado como resultado un pueblo condenado a la miseria y a la nada.

La terrible realidad del pueblo venezolano nos conduce a la locura de no tener la estabilidad que necesita un ser humano para poder vivir en paz. Pareciera que las jugadas en el tablero son dirigidas a fabular planteamientos dísimiles que nada aportan a la salida que el país reclama. Es que los ciudadanos de esta patria cansados de esperar resultados para vivir en paz terminaron odiando al gobierno y a toda la sociedad política venezolana, pues aquí nadie solventa los problemas fundamentales de la gente.Es por eso que solo la oración nos acompaña en la búsqueda de la salvación eterna.

La economía se perdió en la bruma de la inflación y con un bolívar mega devaluado que ya no existe porque el dólar se convirtió en la moneda nacional sin  que nadie diga nada a favor y en contra, terminamos sin moneda insignia. Esa realidad llevó a tener un petro imaginario y un dólar que marca la pauta del consumo nacional y ahí cabe la pregunta, cómo es que se dolarizó la economía y los trabajadores cobran en bolívares? Ante esa realidad no le queda al venezolano, sino sufrir las inclemencias en una sociedad que se come sus propias verrugas sin un solo lamento. Por esa razón los más pobres a quienes el gobierno le propuso sacarlos de la miseria se conforman con las bolsas claps, los bonos bancarios y una que otra proteína soltada al voleo para captar fanáticos del proceso. Lo que no se explica la gente es cómo sobrevive la mayoría de los venezolanos en medio de una economía colapsada por el mal momento que vive la República. En esa realidad navega una sociedad atrapada en sus propias ilusiones y que llegó a creer que con capillas y velones podían mantener un ídolo de barro que terminó perdiéndose en el mismo infierno de las calamidades.

En el tema salud que ha sido destruida por pésimas políticas sanitarias nada se hace por paliar una crisis que agobia la realidad nacional, pues es evidente que miles de almas vienen muriendo progresivamente sin que nadie medie por la salvación del ser humano. Por eso ir a los hospitales y ambulatorios en tiempos de pandemia es una locura parecida a meterse en aguas profundas sin saber nadar.Esa tragedia de no contar con insumos, ni con equipos médicos y menos con alguna protección para el personal de salud es parte de la inutilidad de una gerencia sanitaria que se mueve al compás de las locuras del poder. Por eso miles de ciudadanos se quedan en los umbrales de los hospitales y en las clínicas privadas no hay ninguna posibilidad de ingreso porque los costos en dólares rompen los esquemas de la cotidianidad.

Qué pena sienten los venezolanos cuando van a los centros hospitalarios y los consiguen desolados y atrapados en sus propias lombrices del alma. No escapan a la realidad nacional los patiquines que han ofrecido villas y castillos para terminar hablando de la magia como solución a los problemas fundamentales de la gente. Y eso da como resultados que lo ofrecido al pueblo elector ha sido la mentira del siglo, pues ahora los venezolanos estamos más desamparados que nunca en medio de la oscuridad de la pandemia.

No hablemos de servicios públicos porque ahí no encontraremos huesos sanos y desde la electricidad  hasta el agua, pasando por el gas no hay ninguna posibilidad de solución a tan grandes problemas en la vida de la gente. No se conoce un solo servicio que le permita al pueblo mantenerse feliz y alejado de la desesperanza. Y es que la gente que llegó a creer que con la revolución llegaban al cielo prometido, terminaron comiéndose las uñas ante el carcelero de turno. Nada funciona en en esta sociedad adormecida por las ofertas engañosas de cuatro líderes comunales que no tienen en sus manos como cumplir con el pueblo y solo eso los mantiene esperanzados, ya que le hablan al pueblo en un lenguaje desconocido y raro.

 Creer que la permisidad para que los carros se desplacen es  en medio del bazar es parte de la locura del poder y es una tarea de grandes proporciones, pues es evidente que la misma sociedad se hipertrofio en medio de una pandemia que le reseteó al ciudadano el cerebro de punta a punta. A esa realidad volvímos nosotros en cada instante de nuestras vidas, pues es evidente que los políticos solo abren los ojos para mover sus piezas en el tablero sin que les importe el futuro nacional.

En materia de electricidad ni hablar porque la dependencia de tierra firme condena a los margariteños a estar entre los últimos estados a la hora de buscar oxígeno y la rotura de varios equipos obsoleto mantienen en jaque a toda una sociedad. Más nunca nos dejaron acceder a las fuentes del conocimiento porque todo quedó conectado a la nada de los nuevos tiempos. Nos quedamos sin un cable coreano que según los expertos de la revolución generaría luz para todo el Oriente del país, pero que no llegó a la Coche de la sal.

De los otros servicios públicos nada ha quedado en una sociedad atormentada por el gas, por la telefonía y por la seguridad que no aparece por ninguna parte. Del gas sabemos que somos el país con la mayor reserva gasífera, del planeta y por esa razón no es posible que los gobernantes y protectores de la revolución manden al pueblo llano a cocinar a leña, cuando la realidad es que no hay gasolina. De la telefonía nada se dice porque en estos tiempos vienen socavando las bases de una sociedad atrapada en sus propias hieles y ese pensamiento no ha mermado a la hora de buscar solución al problema. A todos esos males hay que agregarle que a Margarita solo gasolina a precios internacionales le mandan y es una condena a que los margariteños más nunca usen sus vehículos para circular por sus calles.

En materia de inseguridad nada hay que hablar porque los cuerpos de seguridad del estado perdieron el rumbo y solo se dedican a enviar señales que le permitan a los grandes protagonistas sacar de las catacumbas banderolas de colores que imitan la felicidad de los pueblos desarrollados. Ese es el motivo por el cual los venezolanos perdieron credibilidad en sus instituciones y más nunca dejaron alguna posibilidad que les permitiera entablar el diálogo con los opositores para entre ellos a construir la Venezuela posible.

En medio de la crisis solo queda encomendarnos a Dios y pedir que podamos pasar el túnel de la locura social, pues atrapados entre la pandemia, la inflación y los servicios solo nos queda la oración como elemento de sanación su solo eso. Hoy cuando solo tenemos la oración como compañera invocamos a Dios a cada rato porque la hambruna, la miseria, la inflación y la pandemia llevan a este pueblo en volandillas sin rumbo y sin destino. Por eso es que orar pasó a convertirse en el momento de sanación y de salvación de un país atragantado de consignas políticas y perdido en la oscuridad de un gobierno encerrado en simples ilusiones de malabaristas de circo.

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