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Paradigma: Cementerio de difuntos

Manuel Avila

Ver a la gente caminando como mutantes por las calles de Margarita es parte de la pesadilla de un relato que solo lleva en su pensamiento la idea de preservar el poder y mantener en la ignorancia a un pueblo acostumbrado a la miseria y a la pobreza generalizada. De eso se trata de someter a un pueblo por  la vía del poder supremo y condenándolo a la peor pesadilla de su historia.

De que no hay voz en Nueva Esparta eso es bien cierto. No hay nadie con carácter para poner fin a la pesadilla de los ciclos de agua que son parte de la burla nacional a la gente. Nadie lanza un quejido en el viento contra un gobierno usurpador y alocado que solo vende bolsas de comida y entrega bonos por doquier para seguir cosechando en tierra de la ignorancia. Pero que en resumidas cuentas solo maltrata a la gente al condenarlos a recibir agua cada vez que le venga en gana al Director de Hidro Caribe y sus legionarios.

 Eso parece que lo ha dicho mucha gente que lo del agua es una tragedia. Parece una cosa simple, una idiotez y nadie le da importancia a un problema de Estado. Ni el Gobernador electo por el voto popular, ni “El Protector” nombrado por el comunismo madurista. Es que parece que no les importara nada. Ni siquiera que la gente se enferme del colón o que se le tuerza la tripa por no poder ir al baño o que la angurria de tanto aguantar la miadera le genere problemas infecciosos. Es una locura de Padre y Señor mío. La gente se acostumbra a todo en comunismo y hasta le dieron un reconocimiento de Hijo Ilustre a Palazón en nombre de HidroCaribe por castigar tanto al pueblo neoespartano. Esa noche me gocé el estectáculo montado por la Cámara Municipal de Arismendi, donde condecoraron hasta al gato con reconocimientos habidos y por haber para tutiri mundi.

Tanta fue la locura que a Palinga Marcano, el Cronista de la Ciudad por 30 años lo condecoraron de Hijo Ilustre entre tanto bacalao rojo y lo nombraron de último cómo para que los fanáticos de Palinga sufrieran hasta el infinito. Casi no se lo dan, dijo uno de esos cronistas de botiquín que abundan en los pueblos insulares como contadores de cosas insólitas y amontonadores de trastos viejos.

Por eso la gente de la Calle Ruiz y de todas las calles de La Asunción echaban chispas porque no ternimanaron entendiendo el show de la media noche. Toda una noche de gala para condecorar por instrucciones del Dante a bichos que ni en las catacumbas del juicio final recibirían nunca ni una chapa de pepsi cola por su paso por la vida. De verdad que no sé si a Papalico le dieron una condecoración de esas por haber bombardeado la construcción de UCABMAR en Las Huertas para matar el progreso de Arismendi. Esa tarde los condecorados estrellas fueron los chicos de Hidro Caribe y Corpoelec por negarle el agua a los neoespartanos y por quitarle la luz a cada rato, es decir que a la gente que más le ha mentado la madre el pueblo margariteño en toda su historia es a quien condecoran en La Asunción en el acto legislativo más importante celebrado en el Convento de San Francisco en los últimos 100 años. Fíjense que fue tan importante para La Asunción este acontecimiento que le ganó al nombramiento de Leopoldo como Presidente de La Asambleílla hace unos años.

Lo que faltó en ese acto fue que explicaran la mentira de los ciclos de agua, una fábula inventada por algún comediante de la revolución para ingeniársela de alguna manera para evitar que los margariteños protestatarios salieran a las calles a quemar cauchos como lo venían haciendo frecuentemente. Y la vaina resultó tan igual a la magia de los paleros cubanos para amordazarle el cerebro a los venezolanos que más nunca quemaron un caucho viejo, ni atravesaran cuatro piedras y menos que le cantaran el Himno Nacional a los guardias nacionales y a los milicianos que acudían con urgencia a conciliar con la gente para que dejaran de formar vainas. La gente se volvió a quedar tranquilitos porque la amenaza de meterlos presos o borrarlos de las entregas claps o la medida más extrema que los saquen de la lista de los bonos miserables que entrega el gobierno por la vía del carnet de la patria.

Lo cierto es que nadie protestó más nunca. La gente se acostumbró a su sequía y a no ir al baño, porque ahora les toca agarrar montaña con una tusa en la mano como en los tiempos de mi abuelita, pues de verdad que ya más nadie bajó una poceta porque ese sonido quedó prohibido en tiempos de revolución. Lo que llama la atención es cómo ese pueblo brioso que luchó contra Morillo para echarlo de Margarita, ahora se pierde entre botellas de ron Pajarito o entre sancochos de sardinas con lentejas para celebrar la permanencia en el poder de la revolución.

Tanta ha sido la idiotez de los seguidores del régimen que hasta cocinan con leña los  mismos funcionarios del gobierno y bajo cuatro palos aseguran que es lo mejor que ha ocurrido en 100 años, porque ahora bajo el humo producido por la leña del guatacare o el guatapanare sienten que vuelven a sus raíces. Y es que celebran con furia la entrega de unos bonos miserables que solo le alcanzan para comprar la bombona de ron. Eso es suficiente para los protagonistas de la era comunista que disfrutan su permanencia en el poder celebrando que tienen 10 municipios de la isla para su control y un Protector que nada anuncia más allá de la entrega de las bolsas claps. En ese mundo de idiotez se sumergen los revolucionarios que celebran este turismo de aventura comunista a costa de entregar la democracia por un puñado de bolívares soberanos que no les alcanza ni para comprar una caja de atamel para bajar la fiebre.

Y no hay gobierno en Nueva Esparta porque ni el Gobernador lanza un comunicado para alertar a los neoespartanos de esta tragedia de Estado que puede generar en cualquier momento una pandemia por brotes de sarna como consecuencia de  que la gente no se bañe, o por no poder ir a  baño diariamente por no tener agua y lo que es peor por ponerse la misma ropa por mucho tiempo. Y es que tanta es la tragedia que los margariteños ahora ni usan desodorante por los altos costos y no usan ni siquiera jabón para bañarse y mucho menos pueden comprar ace para lavar la ropa, razón por la cual nos hemos convertido en un pueblo de gente hedionda. Y eso lo podemos percibir en los autobuses rojos donde los tufos se manifiestan porque ya la gente no puede comprar los perfumes que sobraban cuando el Puerto Libre, ni los jabones lechugas de tan hermosa fragancia y menos se pueden cepillar para evitar el mal olor. 

La falta de agua ha convertido a los neoespartanos en uno de los pueblos con mayores niveles de sarna del país y hasta con escabiosis para tirar pal techo, y es por eso que sobran las razones para tener un gobierno que atienda a la gente y no que se ocupen de montarse en pasarelas imaginarias. Aquí en Nueva Esparta se vinieron de vacaciones las 7 plagas de Egipto y después de tener el Puerto Libre de Venezuela nos quedamos solo con las imágenes de aquel ambiente floreciente del pasado.

Lo más cumbre es que el caricaturesco personaje de la fábula chavista se vino a la isla a imponernos el concepto de cocinar a leña como una innovación sacada de los linderos de su paso por la Universidad de Los Andes y lo que es peor amanazando a la gente con no entregar gasolina a los que hacen colas en las bombas para buscar salvarse. Esa locura jamás vista en la isla es un tema agotado hace rato cuando los revolucionarios decidieron hacer doblar las patas a los mismos chavecos que votaron por ellos. Y es que nadie tiene gasolina, ni dólares, ni medicinas y menos salvación porque no hay ni siquiera donde llevar a sus enfermos. Con semejante calamidad se concreta el plan nacional de formar el hombre nuevo por encima de todas las cosas. Eso si un hombre nuevo preñado de miserias e ignorancia como sus principales fuentes de poder. 

Porlamar quedó convertida en una sociedad deshumanizada poblada de mal vivientes y piratas de toda calaña que en los últimos 20 años nada han recibido de sus gobernantes, pues su patrimonio histórico, su ambiente destruido y su bonanza comercial se volvieron nada. Eso es producto de la improvisación y el populismo ramplón, pues muy pocos han demostrado amor por su tierra. Hoy como resultado mostramos un Puerto Libre quebrado, con un ambiente de desolación solo comparable con las ciudades bombardeadas en tiempos de guerra. Y ni su gente aparece por ninguna parte, ni son capaces de emitir conceptos dirigidos a trastocar la forma de gobernar de los alcaldes del desastre. De verdad a Porlamar no la quiso nadie y miren ese cuadro desolador que muestra a una Ciudad Marinera plagada de purulencias y verrugas por doquier.

A La Asunción la convirtieron hace rato en una Ciudad violada que ha vendido hasta el alma para satisafacer las ansias de riqueza de los comerciantes del patrimonio histórico y con esa penetración de figurines que lavan dólares entre escombros y viejas edificaciones se va viendo la demolición incesante de sus ruinas históricas. Y no se escucha la voz del gobierno por ninguna parte ante el tsunami de bucaneros que avasallan a realazos el futuro de la otrora Ciudad del Silencio.

Y no hablemos de más nada porque aún con los avances del Municipio Ejemplar que cambió su perfil con la llegada éste joven Alcalde que llegó a borrar del mapa los viejos esquemas de una política rastrera que lo último que le interesaba era la honra de los espacios de Maneiro. Aún cuando todavía se puede vivir en Maneiro no se escapa a las calamidades como el agua que le quiebra el espinazo a quienes creemos que estamos en en la cima del cielo. Y es donde se escucha la única voz sonora para tranquilizar a su pueblo por los retrasos de los ciclos de agua que cada vez que son anunciados para su reacomodo insurge cualquier tronera en el tubo submarino para alejar el racionamiento a 40 días o más. Esa es nuestra realidad y debemos cargarla como una cruz porque recibir el vital líquido más allá de los 40 días es una tragedia para los insulares.

Y cómo me decía en estos días el Protector de Arismendi el Gobernador no abre las vávulas para distribuir el agua, a lo que le constesté, pero si puede hacer diligencias ante el nivel central y pegar cuatro gritos para que la gente sienta que si hay quien gobierne la región, pues hasta ahora no hay una sola figura que reclame los derechos de los margariteños. Eso si estamos conscientes que no podemos pedirle a los diputados por Nueva Esparta que hablen por nosotros porque ahora se inventaron una de hablar desde el exterior o enmucdecer para siempre.

A Nueva Esparta la dejaron sola sus gobernantes y solo de tirarse la pelotica para evadir el bulto es lo único que conocen, pues mientras ellos deliberan sobre las condiciones de gobernabilidad y de los espacios de cada uno, la vida sigue transcurriendo en medio de calamidades e infortunios. Esa es la región que tenemos, esos son los gobernantes que tenemos y mientras tanto nuestra suerte se le llevaron los duendes para el fondo del mar.

Duele decirlo y la gente lo expresa a viva voz, Nueva Esparta no tiene dolientes. Estamos en un cementerio de difuntos donde el mando lo alquilaron a bajo costo y nadie dice nada a favor de los que eligieron esta forma de gobierno y solo se someten a las incandescencias de la nada revolucionaria. Eso indica que tener gobernantes sin carácter no solo es una tragedia, sino una forma de perder el tiempo, pues no dejar escuchar su voz es un simple exordio a la perdida de tiempo y a la desgobernanza.

Por ahora no gasolina tenemos para unirnos a las plegarias por el agua, la luz, la telefonía, el gas, los dólares, la inseguridad, los hospitales, los alimentos y un virus que se vino a sembrar para que viéramos de cerca la tragedia de no tener ni gasa en los centros de salud. La gente se muere a menguas de cualquier cosa y nadie termina diciendo nada por temor a las guaralas del juicio final.

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