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Paradigma: Las garras del arlequín

Manuel Avila

Cuando Chávez logró embaucar al pueblo venezolano al emocionarlos con el reparto de la la riqueza para todos, pudo condenarnos a un atraso de 80 años. El pueblo vituperado por el creador de fantasías empezó a seguir a un fantasma que solo prometió villas y castillos para terminar con una sociedad arruinada.

Tomó el país en sus manos con un barril de petróleo a 133 dólares y más para convertirse en el Don Regalón del mundo que llegaba a NY y contrataba un piso completo para albergar a sus legionarios y que viajaba por el mundo cada día para vender un producto manido llamado revolución. A los venezolanos se le metió en la cabeza que podían convertir el país en la República Socialista más importantes del planeta fundamentados en el Socialismo del Siglo XXI. De todas esas ideas vendidas a precios de bazar solo quedaron al final del túnel las bolsas Clap, unos bonos bolivarianos y unas mortadelas que son la simbología del hambre y la miseria nacional.

Todo el país quedó destruido como si hubiese sido azotado por un terremoto. PDVSA la principal industria cayó en manos de una jauría de sedientos comensales rojos, la empresa privada colapsó por las presiones e imposiciones del régimen, el estado de derecho fue convertido en una colcha de retazos del proceso, las instituciones fueron molidas por el huracán bíblico de Maisanta, el bolívar fue degollado en una plaza pública, los hospitales quedaron convertidos en espacios de la desidia, las universidades murieron de pie y sin recursos, la educación en manos de Aristóbulo Istúriz se perdió en el limbo, los servicios públicos colapsaron por falta de mantenimiento y la banca entró en una fase de recesión mortal. En ese cuadro dantesco de una sociedad doblegada por ideas maravillosas que solo mostraban la ruina por las calles y los ciudadanos convertidos en recolectores de basura en los contenedores de todo el país a nadie le importó nada que la gente se muriera a menguas en las calles de Venezuela.

No puedo dejar de mencionar la incorporación de los militares a la autopista de la política y la pérdida del equilibrio institucional que hizo de los hombres de uniforme unos serviles al régimen. Por eso es muy fácil ver en este país a los militares gritando “Patria, socialismo o muerte” porque vendieron su dignidad por un puñado de dólares y eso cuenta en tiempo de miseria y hambrunas colectivas. A nadie le importó el país más nunca y solo de teorías mágicas de la palabra y en discursos de salón se escucharon los cantos de sirena en una sociedad de espantapájaros que creen que con el voto pueden salvar al país.

Vino la reconversión monetaria una jugada mágica del gobierno para miniaturizar los salarios de los funcionarios públicos hasta llevarlos al cuarto de la miseria colectiva, pues pagar los sueldos y salarios en bolívares en una sociedad dolarizada fue una jugada maestra para hacer depender a los ciudadanos de las dádivas del gobierno. Esa es la razón por la cual en las calles el clima de desesperanza se dibuja en seres sin alma que caminan a tientas buscando su salvación y no encuentran soporte en nada que se parezca a la prosperidad.

Al venezolano no lo dejaron pensar más nunca porque su derecho a la protesta fue embalsamado en prisión y torturas para que la ciudadanía entendiera que estamos en una dictadura donde nadie tiene derecho a disentir. Esas son las líneas maestras de una sociedad de poetas muertos donde los que ayer empujaron el barco del chavismo, ahora se arrepienten de haber entregado el país a unos aberrados que solo piensan en el poder a través de elecciones fraudulentas.

Loas revolucionarios siguieron jugando a la estrategia electoral como la carnada que le permita a los venezolanos percibir que viven en un sociedad libre y democrática. Para esa tarea usaron muchos dólares que fueron el caramelo para que hombres como Herman Escarrá, Claudio Fermín, Eduardo Fernández, Henry Falcón, Manuel Rosales, Timoteo Zambrano, Bernabé Gutiérrez y tantos alacranes de la democracia le hicieran  el trabajo de legitimar en un proceso viciado y fraudulento un sistema comunista.

En esa red cayeron los ilusos que creen que el voto es el arma de la democracia, pero que olvidan que un sufragio manipulado no tiene fuerzas para cambiar un sistema corrupto. Pero en esa tesis de ir a elecciones cayeron los alacranes de AD, Copei, PJ,VP, Podemos, MEP, PPT y todos los que recibieron su dosis de intervencionismo del TSJ. Por eso no se entiende cómo es que todavía los alacranes que participan en las elecciones no terminan de abrir los ojos para alejarse de la trampa del 6D.

Las ambiciones es un mal de la democracia y lo saben los que decidieron participar en  esa elecciones fraudulentas que carecen de respaldo popular y donde solo funcionará el voto rojo obligado. Es que más nadie ira a las urnas en un país que decidió hace rato no hacerle el juego a los piratas electorales que con máquinas manipuladas, data corrompida y ventajismo electoral ya tienen garantizada la victoria en una carrera sin opositores. Legalizar el régimen es una huella que cargarán marcadas en la frente por los siglos de los siglos los ambiciosos que usaron la capa de Superman para pelear contra un rival que lo supera en peso y tamaño. Y es que creerse Don Quijote para pelear contra los molinos de viento es una materia ya superada de las novelas de caballería y que todavía en este siglo hay quienes creen que llevan ventajas importantes en una contienda marcada como fraudulenta por toda la comunidad internacional.

De todas maneras la historia los juzgará por contribuir a legitimar un  régimen que hace aguas ante los ojos del mundo, pero que encontró en los compradores de baratijas un sector de la población que se hizo aliado de estos desalmados para intentar la consolidación del modelo comunista.

Atrás quedó la teoría del voto como instrumento de luchas y como sostén de la democracia, pues es evidente que un voto manipulado no tiene ningún valor ante las garras afiladas de un régimen dominante y avasallador. De todas maneras la historia mostrará la cara deformada de la democracia y ese será un objetivo de estudio para las nuevas generaciones que verán la condena moral a que condujeron los políticos atarantados a un pueblo que hace rato entendió que legitimar al régimen es un pecado capital.

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