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Paradigma: Condenados a la pobreza

Manuel Avila

 La tragedia venezolana está amarrada al desmoronamiento del bolívar y a la aparición del dólar como la moneda emergente en un circuito donde poco venezolanos tienen acceso. Es que el gobierno decidió  recostarle toda la carga a los ciudadanos al condenarlos a la pobreza permanente. Es que no pueden los venezolanos vivir con lo que ganan como consecuencia de un estado hiperinflacionario que castra cualquier posibilidad de mejor calidad de vida para la sociedad entera.

Si tenemos tres años metidos en esta espiral inflacionaria sin nadie que le meta la mano a la estabilización económica, entonces hay sobradas razones para justificar las condiciones de pobreza que atraviesa un país que paga las consecuencias del manejo irresponsable de sus finanzas por un gobierno que quebró PDVSA y las miles de empresas de la nación. Es que todo comenzó cuando el eterno de Sabaneta decidió expropiar empresas y meter las manos en el circuito privado para que todo dependiera de Papá estado.

Sin dudas que el gobierno decidió ponerle la carga en los hombros al pueblo al condenarlo a pagar todas sus culpas por haber creído que con un modelo socialista viviríamos mejor. Ese error de la historia lo estamos pagando porque al quebrar PDVSA y convertirla en la caja chica del Gobierno Nacional porque la construcción de viviendas, la compra de alimentos y todo el aparato demagógico y social del gobierno salía de las arcas de la estatal petrolera. Por eso estuvo Rafael Ramírez ahí eternamente y que en una combinación perfecta con Jorge Giordani llevaron a la Venezuela del barril de petróleo a 140 dólares a la autodestrucción de su productividad. Si a eso le agregamos que el impuesto sobre la renta se esfumó y el cobro de tributos se diseminó en tierras de la nada, encontramos razones para tener un estado quebrado.

De toda esa locura en el manejo de la economía que había sido proféticamente anunciada por los grandes estudiosos de la economía nacional que dijeron a todo pulmón que Venezuela iba rumbo al precipicio económico se desprende una visión adelantada de la queibra de un país. Pero a nadie le hizo caso el loco que gobernó el país en sus primeros 15 años y terminó destruyendo la economía nacional. Definitivamente Chávez no pudo administrar ni siquiera una cantina militar y esa sabiduría económica todavía no saben los estudiosos de dónde la sacó para terminar destruyendo el futuro de un país rico para el momento. Es que le importó un carajo que Venezuela perdiera su fortaleza económica y por eso engañaron hasta a sus mismos ministros y militantes sabios del proceso que llegaron a creer que escuchando a Chávez iríamos camino al paraíso. Terminamos en el infierno con una nación hipotecada a las grandes naciones, con un bolívar destruido y con una economía vuelta papillas.

Por ese camino de la entrega de nuestros recursos a otras naciones y con el gasto público corriendo sobre los rieles del tren social que repartió casas, carros y ayudas sociales de toda naturaleza, entramos en un proceso hiperinflacionario que nos condenó a la pobreza para siempre. Y suena duro decirlo, pero con los pasos cruzados que dio el gobierno terminaron destruyéndo la red hospitalaria, el sistema educativo y los servicios fundamentales de la nación.

Todos los recursos se esfumaron en convenios internacionales sin destino que solo le permitió pagar sumas extraordinarias a Cuba por mandar maestros y enfermeros al país, en la concesión de obras a otras naciones del Continente, viajes de enfermos a Cuba para la operación milagro, el alquiler de un piso completo en New York para presenciar un juego de pelota en el Yankee Stadium, los pagos de nominas millonarias a los militares, el financiamiento de elecciones de otras naciones y la entrega de bonos a los estudiantes, a los trabajadores y a la clase obrera.

Con tantos inventos se nos vino encima una hiperinflación mortal que se estancó por tres años y mierntras tanto se congelaron los sueldos de los empleados de la administración pública en pagos miserables, pensiones depauperadas y sueldos controlados por la ONAPRE. No ha podido el gobierno encontrar la ruta para salvar al país y su única salida ha estado centrada en condenar a la pobreza a todos los venezolanos con salarios mínimos y a los pensionados con miseros pagos que no le sirven para nada.

En medio de ese cuadro hiperinflacionario que le devora el alma a los compatriotas decidió el Gobierno que la mayor carga debía llevarla el ciudadano que está obligado a sacrificarse para mantener viva la revolución. De esa forma con salarios que no sobrepasan los dos dólares mensuales, medio país navega en aguas de la pobreza extrema y las miles de muertes por carecer de elementos de salud para su salvación  son parte de la cuota que está cobrando el pueblo por haber confiado en los que ofrecieron parir el hombre nuevo.

Caminar en el campo minado de una economía que rota sobre dos monedas el bolívar y el dólar es bien complejo, si partimos del principio que el mal llamado “bolívar fuerte” es repudiado por la mayoría de la población, pues todos los ciudadanos buscan el dólar para la compra de los productos de primera necesidad. Eso ha traído como consecuencia un Estado quebrado que no puede pagar a sus trabajadores y por tanto usa la medida extrema de sacarle la plata de los bolsillos mediante una hiperinflación que vuelve trizas lo poco que ganan los ciudadanos. En ese circuito dolarizado pueden transitar unos pocos que por alguna vía reciben los verdes y que ingresan a esa autopista para vivir mejor que los demás, pues es evidente que ningún organismo público paga en dólares sino en miseros bolívares que la gente rechaza porque no tienen ningún valor monetario.

En medio de la crisis económica que atraviesa la República no se ve ninguna propuesta por parte de los diputados que aspiran la Asamblea Nacional que al parecer le borraron los códigos de la economía de sus cerebros y los obligan a hablar de pura literatura socialista que ningún resultado la garantiza al elector. Eso indica los niveles de mentira de los que irán a la AN a llevar mensajes aprendidos de memoria para mantener viva una revolución que murió con la quiebra del país.

Condenar a un país a la pobreza extrema es parte de ese genocidio alimentario que se produce por unas bolsas claps que en nada remedian al venezolano y unos salarios de mentira que con dos dólares mensuales llevan una carga de miseria recostada en el alma. No se sabe que ecuación están haciendo los economistas del proceso, pero los números no cuadran por ninguna parte y los más pobres mueren a menguas producto de la desnutrición.

La hiperinflación más prolongada de la historia mundial nos tocó en la Venezuela petrolera donde los empleados del gobierno que forman una nómina de más de 2.400.000 trabajadores que nada pueden solventar con los 2 dólares mensuales de sueldo y que los somete a la peor crisis de país alguno.

Sobrevivirán los que puedan hacer magia, los corajudos y los que a la fuerza puedan entra en el cicuito dolarizado, pues es evidente que el país no encuentra rumbo porque sus líderes carecen de imaginación. No le está importando al gobierno que se mueran por desnutrición sus mismos militantes y saben muy bien las autoridades que la hambruna genera un malestar que le carcome el alma al proceso. No han podido solventar la crisis hiperinflacionaria con pañitos calientes y se aprestan a realizar saltos acrobáticos para garantizar la salud alimentaria a un pueblo que se muere a menguas, como dijo Arturo Uslar Pietri “Estamos todavía a tiempo. Andamos aún entre la Venezuela que fue y la que es, y tenemos que decidirnos, con serena hombría, entre la que es y la que podría ser. Somos los peregrinos que vamos de una a otra Venezuela, sin saber todavía, a dónde y cómo podemos llegar”.

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