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Paradigma: Futuro incierto

Manuel Avila

La elección de la Asamblea Nacional con visos de fraude orquestado por el CNE y sus asesores es parte de la tragedia nacional. Y la respuesta de la oposición con la Consulta Popular que probó de manera total que en unas elecciones libres y transparentes el gobierno no hubiese tenido alguna opción de triunfo. Esa es la realidad de un pueblo que ve con estupor como los naufragos que huyen de la hojarasca nacional son lanzados al agua por un gobierno trinitario que atentó contra los derechos humanos y no hay una sola voz que les grite desde lejos que son unos criminales de la humanidad.

En medio de ese futuro incierto caminamos contra la corriente sabiendo que esa vía electoral secuestrada por el CNE es parte de la táctica de guerra de un gobierno al que solo le interesa el poder y más nada. Todo los caminos conducen a la vorágine revolucionaria que al entrar en la brecha revolucionaria de empobrecer a todo el país y convertir  esta patria revolucionaria en tierra arrasada.

El Bolívar murió de manera abrupta y nos dejaron a expensas del dólar que entró al país por los caminos verdes para convertirse en la moneda nacional. Eso ocurrió sin que la gente se diera cuenta y sin que el gobierno emitiera un solo quejido que probara su incomodidad por haber sepultado nuestra moneda en lo más profundo del mar.

Con esa táctica de reducir el salario nacional a menos de dos dólares mensuales para que los funcionarios dependan exclusivamente de las políticas hambreadoras de Miraflores es parte de un diseño que tiene como objetivo poner al ciudadano a depender de las políticas del Estado. Por eso los funcionarios públicos perdieron la fe en las instituciones y no les importa asistir o no a los centros de trabajo, pues cualquiera de las dos variantes es igual para una nación atrapada en sus propias jugadas.

En esa maraña de alocadas políticas desfavorables para el país se deslizan torpezas gubernamentales que apuntan hacia la desorganización de sus elementos políticos. No es posible que con esta hiper inflación mortal que arrinconó a la Venezuela petrolera y todavía la dirigencia de ambas posiciones políticas no terminan entendiendo el rumbo que tomamos.

Mientras tenemos las industrias cerradas, los comercios sin fuerzas y hasta los emprendedores perdieron el rumbo tratando de buscar salidas a la crisis nacional. Nos quedamos sin moneda y sin fortaleza económica para salir adelante en medio de la crisis global que lleva la humanidad cabalgando sobre las ancas de una decadencia económica mundial. Por eso estos tiempos de pandemias y distracciones sociales han influido en la terca idea de conducir a los ciudadanos a una lucha sin cuartel que no nos lleva a nada.

Ahora empezar a abrir las fronteras del futuro es parte de las luchas que debemos dar los ciudadanos para poder construir los hombres que vienen a poblar el mundo en el próximo milenio.No cumplió el gobierno su propuesta de fabricar al hombre nuevo y se quedó en simples maromas sociales ancladas en propuestas atadas a becas y concesiones sociales sin parangón en la historia política nacional. Esas políticas traídas de otras latitudes como modelos de innovación político-social solo abrieron las brechas de los social para empobrecer a una sociedad miserabilizada en el pensamiento.

Quedamos atrapados en la búrbuja de la pobreza colectiva y no pudimos reaccionar ante el quiebre de las instituciones democráticas que fueron convertidas en instrumentos del régimen para preservar el poder. No nos percatamos del rumbo que tomó la democracia que quedó al desnudo en medio de un horizonte de pequeñeces ideológicas que condujo al Estado por los caminos del atraso y el eunuquismo.

De esa forma la Venezuela democrática quedó vuelta cenizas en medio de un proceso aniquilador que fue capa de exhumar los restos de Bolívar y retar las creencias en Dios para terminar sumergidos en la nada revolucionaria. En medio de esa realidad que muestra a unos ciudadanos dependientes de la limosna de Papá Estado, no queda otra alternativa que ver pasar el entierro en brazos de la pobreza nacional. Aquí todo el mundo se acostumbró a esa basurilla llamada revolución y solo muestran como símbolo del futuro las dádivas del gobierno revolucionario.

Por eso el país camina a la deriva sin horizonte y en busca del rumbo que tuvo la democracia como ruta del desarrollo, pues es evidente que estuvimos en los caminos del desarrollo al ser considerados como unas de las democracias más firmes del Continente. Pero eso quedó en el pasado cuando los militares entraron al acto electoral como Pedro por su casa al romper las alambradas de lo legal.

Volvimos al país de Doña Bárbara donde Santos Luzardo tuvo que apostar a la grandeza de sus ideas para poner a triunfar a la civilización sobre la barbarie en una lucha sin cuartel que dejó a “la Devoradora de Hombres” como una triste flor del desierto. Nuestra realidad es incierta en medio del camino de improvisaciones a que nos sometieron los enemigos del desarrollo, pues es evidente que llegaron para atrapar la búrbuja del progreso de los pueblos al condenarlos a estar atrapados en una botella.

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